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La Sociedad de Socorro a través de los años | Aniversario de la Sociedad de Socorro

El 17 de marzo se conmemorará el aniversario Sociedad de Socorro. Se invita a las hermanas de la Sociedad de Socorro de todo el mundo a celebrarlo tomando parte en actividades que las haga participar en la obra de esta organización. Bajo la dirección de los líderes locales del sacerdocio, las unidades pueden determinar las actividades que mejor se adapten a sus necesidades. 

Preparación

Arme una línea del tiempo con el retrato de cada Presidenta de la Sociedad de Socorro en orden cronológico. Pueden disponer de los retratos del telón del escenario con alfileres. Debajo de cada retrato preparen una silla para que cada hermana que participe de la representación pueda sentarse.

Se le asignará una Presidenta a cada hermana para lea su parte. Estas hermanas pueden vestirse de la época en que esta Presidenta sirvió en su llamamiento, o simplemente puede sostener la lámina mientras lee. Pueden hacerlo tan complejo o simple como prefieran.

También necesitarán un narrador para explicar un poco al orden de la actividad.

Programa “La Sociedad de Socorro a través de los años”

Narrador: Bienvenidas hermanas a este viaje en el tiempo en donde conoceremos a las Presidentas de la Sociedad de Socorro a través de los años. Aprenderemos de sus testimonios y su gran labor en esta obra.

El presidente Spencer W. Kimball, duodécimo Presidente de la Iglesia, dijo: “Nos consta que las mujeres que sienten un profundo aprecio por el pasado, se preocuparán por forjar un futuro justo”

La historia de la Sociedad de Socorro nos enseña la naturaleza divina y el valor infinito de las hijas de Dios. Es una historia llena del Espíritu sobre mujeres firmes, fieles y determinadas que han prestado servicio con escaso reconocimiento público. 

Sarah M. Kimball

Mi nombre es Sarah M. Kimball. Si bien no fui la primer Presidenta de la Sociedad de Socorro, tengo una historia para contarles. En la primavera de 1842, los Santos de los Últimos Días de Nauvoo, Illinois, trabajaban con entusiasmo para edificar un templo en su ciudad.

“La señorita [Margaret] Cook… un día, comentó que le complacería contribuir con las tareas de costura, si se presentara la oportunidad. Le ofrecí materiales de confección y le mencioné que quizás otras personas se sentían como nosotras. Luego [hablamos] en cuanto a organizar una sociedad de costura, cuyo objeto sería ayudar en la construcción del templo.

Junto a las mujeres que se reunieron en mi hogar decidimos establecer una constitución y unos estatutos, y Eliza R. Snow aceptó la responsabilidad de redactarlos. Luego, le solicitamos a José Smith que los revisara y nos diera su opinión al respecto. Después de que el Profeta los leyó, nos dijo que eran “los mejores que él había visto. ‘Pero’, agregó, ‘esto no es lo que necesitan. Diga a las hermanas que el Señor acepta su ofrenda y que Él tiene para ellas algo mejor que una constitución escrita. Las invito a reunirse conmigo y con algunas de las autoridades… el próximo jueves por la tarde, y organizaré a las mujeres bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de éste’”

El jueves siguiente, el 17 de marzo de 1842, se congregaron veinte mujeres y el profeta José Smith organizó a la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo de una manera divinamente inspirada y autorizada.

Emma Smith

Soy Emma Hale Smith, primera Presidenta General de la Sociedad de Socorro. En esa primera reunión de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, dije a las mujeres: “Vamos a hacer algo extraordinario.”

Serví en este llamamiento por solamente dos años, desde 1842 hasta 1844. En 1843 organicé un comité de visitas (el germen de las maestras visitantes) y compilé el primer himnario de la Iglesia.

“Deseo tener el Espíritu de Dios para conocerme y comprenderme a mí misma, para superar cualquier obstáculo de costumbre o de carácter que no me conduzca a alcanzar mi exaltación en los mundos eternos. Deseo tener una mente fructífera, activa, para comprender sin dudar los designios que Dios revela por medio de sus siervos.”

Eliza R. Snow

Soy Eliza Roxcy Snow, segunda Presidenta General de la Sociedad de Socorro y dediqué mi vida a servir al Señor.

“Deseo vivir para hacer la voluntad del Padre”, dije en cierta ocasión. Pero no deseaba una vida así sólo para mi, quería que cada mujer reconociera su importancia ante los ojos del Señor y actuara de conformidad. “No hay hermana que esté tan aislada que no pueda aportar algo al establecimiento del Reino de Dios en la tierra”

Que su prioridad sea llevar a cabo los deberes en el hogar. Pero, en tanto sean mayordomos prudentes, hallarán tiempo para los deberes sociales… Al esforzarse por cumplir con todo deber se darán cuenta de que su capacidad aumentará y quedarán asombradas por lo que podrán lograr.

Yo, por ejemplo, usé parte de mi tiempo para escribir poesía. Uno de los cerca de 500 poemas que escribí, se encuentra actualmente en el himnario de la Iglesia, bajo el nombre de “Oh, mi Padre”.

Durante mi presidencia desde 1866 hasta 1887 se organizaron la Primaria y la Asociación de Mejoramiento Mutuo de Mujeres Jóvenes, y se presentaron los principios de bienestar. Las mujeres cultivaban y almacenaban granos, abrieron tiendas cooperativas y manufacturaban seda. La Sociedad de Socorro le pagó los estudios de medicina a algunas mujeres para que se convirtieran en doctoras, enfermeras y parteras a cambio de que regresaran y enseñaran a otras personas. 

Zina Diantha Huntington Young

Soy Zina Diantha Huntington Young, cariñosamente conocida como “Tía Zina”, tercera Presidenta General de la Sociedad de Socorro. Con el amor la ternura que me caracterizó quiero decirles:

“Hermanas, tenemos la responsabilidad de ser plenamente conscientes de nuestros deberes. El reino continuará adelante y no tenemos nada que temer sino nuestras propias imperfecciones.”

“Busquen un testimonio, mis queridas hermanas, como buscarían un diamante escondido. Si alguien les dijera que excavando lo suficiente en cierto lugar hallarían un diamante de valor inestimable, ¿piensan que les molestaría invertir tiempo, fuerzas o medios para obtener ese tesoro?… Si excavan en la profundidad de su propio corazón hallarán, con la ayuda del Espíritu del Señor, la perla de gran precio, el testimonio de la veracidad de esta obra.”

“Deseo expresar ante mi Creador mi testimonio fiel de que ésta es la obra de Dios y que mi testimonio me es más preciado cada año”

Antes de servir como presidenta general de la Sociedad de Socorro, pasé 21 años viajando por el territorio de Utah organizando sociedades de socorro con mi querida amiga Eliza R. Snow, quien por ese entonces era la Presidenta General de la Sociedad de Socorro. Después de que fuera llamada como presidenta general, continué e incrementé esas visitas más allá de Utah y recalqué la importancia en las sociedades de socorro locales de crear sus propias clases de enfermería y de mejorar la atención médica. Abrí una escuela de enfermería y dirigí la escuela de obstetricia. Abogué por el sufragio femenino, y fuí directora de las obreras del Templo de Salt Lake desde su dedicación en 1893 hasta el día en que fallecí en 1901.

Bathsheba W. Smith

Soy Bathsheba W. Smith, cuarta Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y tuve tres grandes amores en mi vida: mi familia, ser ama de casa y el Señor. Juntos, estos tres amores me sostuvieron durante toda la vida.

Naturalmente, mi amor por el hogar y la autosuficiencia se trasladaron a mi servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro. Como resultado, la Sociedad de Socorro publicó la primera de lo que más tarde llegaría a conocerse como lecciones de educación para la madre, que hacían hincapié en temas tales como la crianza de los hijos, la industria en el hogar y el matrimonio.

Sentí profundamente que las mujeres necesitaban ser espiritualmente autosuficientes y que la Sociedad de Socorro era el lugar para que eso ocurriera: Es sencillamente necesario que mientras vivan, tanto las mujeres como los hombres, no cesen de estudiar diligentemente para obtener el conocimiento de lo que es de mayor valor.

Emmeline B. Woodward Wells

Soy Emmeline B. Wells, quinta Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y tengo un testimonio de que la Sociedad de Socorro ha sido organizada por revelación. Las hermanas nunca olvidaron la institución, ni tampoco las promesas que el presidente José Smith les había hecho… Estaban siempre prestas a realizar actos de amor y caridad con manos generosas y tierna compasión; y muchas de ellas tenían necesidad de tales actos bondadosos, ya que eran días de afanes y sufrimiento, de escasez y adversidad.

Para reflejar los orígenes inspirados y los principios fundamentales de la sociedad, junto a mis consejeras escogimos la frase de las Escrituras “la caridad nunca deja de ser” como lema de la Sociedad de Socorro. El lema alcanzó un significado muy apropiado durante los años posteriores a su anuncio, al empezar la Primera Guerra Mundial. Durante esa época, las hermanas respondieron al pedido de mostrar caridad siendo amables tanto con los amigos como con los enemigos, siendo voluntarias en los esfuerzos dentro de la comunidad y procurando el amor puro de Cristo.

Tenía 82 años cuando fui llamada como Presidenta General de la Sociedad de Socorro y serví durante 11 años, hasta poco antes de mi muerte.

Clarissa Smith Williams

Cuando yo, Clarissa Smith Williams fui llamada como la sexta Presidenta General de la Sociedad de Socorro, las mujeres de los Estados Unidos estaban muy entusiasmadas por las posibilidades que se presentaban ante ellas, pues acababan de conseguir el derecho al voto y estaban ansiosas por establecer una diferencia en sus comunidades.

“Se nos han dado bendiciones como no se les habían dado a las mujeres de ninguna otra época y debemos procurar vivir a su altura en todos los sentidos”

Muchos de mis esfuerzos en la obra social, humanitaria y de bienestar contribuyeron a preparar el camino para el actual sistema de bienestar de la Iglesia. Propuse que las ganancias del fondo de trigo de la Sociedad de Socorro se destinaran en bien del interés de la maternidad y de las madres de toda la Iglesia y así en 1924 el Obispado Presidente me informó que las vidas de 500 niños se habían salvado gracias a los esfuerzos de la Sociedad de Socorro. También establecí un programa de capacitación para ayudantes de enfermera. El primer mensaje mensual del programa de las maestras visitantes se publicó en la Revista de la Sociedad de Socorro.

Louise Yates Robison

Soy Louise Yates Robison, séptima Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y pensé que se había cometido un error cuando fui llamada como tal. No había conocido ni las riquezas materiales ni contaba con una formación académica; además, era tímida y evitaba llamar la atención.

Cuando fui a la oficina del presidente Grant en 1928 para ser apartada, estaba segura de que le habían informado mal sobre mis habilidades, así que le dije que me complacería dar lo mejor de mí misma y hacer lo que él me pidiera, pero quería que supiera que yo tenía poca educación, muy poco dinero y baja posición social, y que temía no ser el ejemplo que las mujeres de la Sociedad de Socorro esperaban de una líder. ‘¡Soy tan sólo una mujer humilde!’. El presidente Grant me contestó: ‘Hermana Louise, el 85% de las mujeres de nuestra Iglesia son humildes. La estamos llamando para ser su líder’

Con el inicio de la Gran Depresión entendí las necesidades de las hermanas que estaban en apuros y tuve una gran compasión y sabiduría para compartir con ellas. “Ve donde se te necesite; haz lo que puedas’. Ése era mi lema.

Si sólo hacemos nuestro trabajo a medias no tendremos ningún placer; si lo hacemos por nuestro sentido del deber, no tendremos ningún gozo; pero si sentimos que somos una rama de esta viña, que nuestro Padre Celestial nos ha considerado dignas de ser miembros de esa rama y que podemos llevar a cabo esta obra cuando se tenga que hacer, entonces tendremos gozo.

Fui la primera presidenta general en visitar las sociedades de socorro de Europa. Los coros de la Sociedad de Socorro llegaron a conocerse como “Singing Mothers” [Madres cantoras], nombre tomado de mi cita preferida: “Una madre que canta hace a su hogar feliz”. También durante mi presidencia la Sociedad de Socorro adoptó el dorado y el azul como sus colores oficiales.

Amy Brown Lyman

No puede haber ninguna labor más importante y satisfactoria que la de contribuir a edificar la vida humana a su más alto nivel. Siempre creí que esto se hacía mejor proporcionando socorro a las dificultades existentes [y] previniendo las dificultades nuevas. Soy Amy Brown Lyman y fui llamada como la octava Presidenta General de la Sociedad de Socorro en 1940, tres meses después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Europa y experimenté muchas oportunidades para poner esa filosofía en práctica.

Era particularmente preocupante el efecto de la guerra sobre las familias. En todo el mundo se sacaba a los padres y a los hijos de sus hogares para ir a luchar mientras se alentaba a las madres y las jovencitas a dejar sus hogares para aceptar trabajos que apoyaran la causa de la guerra. La inmoralidad iba en aumento.

La Mesa directiva general instó a las madres en toda la Iglesia a proteger a sus hijos de cualquier manera posible. Se estaba difundiendo una influencia maligna que amenazaba incluso a los mejores hogares. Los problemas sociales, empeorados grandemente por la guerra, demandaban una estrecha vigilancia por parte de las madres. Para hacer posible que las madres pasaran más tiempo en el hogar, insté a las mujeres a desarrollar habilidades de autosuficiencia, como la costura, la horticultura y la conservación y el almacenamiento de alimentos.

[Mi] testimonio ha sido mi ancla y mi apoyo, mi satisfacción en los momentos de gozo y alegría, mi consuelo en los momentos de pesar y desaliento… Estoy agradecida por la oportunidad que tuve de prestar servicio… en la Sociedad de Socorro, en la que durante casi toda mi vida de mujer adulta he trabajado feliz y contenta con sus miles de miembros. He visitado sus hogares, dormido en sus camas, comido en sus mesas y así he aprendido de la belleza de su carácter, de su falta de egoísmo, de sus corazones comprensivos, de su fidelidad y de sus sacrificios. Rindo honor más allá de lo que puedo expresar a esta gran hermandad de servicio.

Belle Smith Spafford

Poco después de que yo, Belle S. Spafford fuera llamada como la novena Presidenta General de la Sociedad de Socorro, recibí una invitación para una reunión del Consejo Nacional de Mujeres en la ciudad de Nueva York. El viaje era costoso y las reuniones tomaban mucho tiempo valioso.

Después de considerarlo mucho, junto a mis consejeras decidimos proponer al Profeta que la Sociedad de Socorro diera por concluida su membresía.

Presenté mi recomendación y mis razones por escrito al presidente George Albert Smith. ‘No sacamos ningún provecho de esos consejos’.

Aquel sabio y anciano profeta se reclinó en su silla y me miró con una expresión que denotaba cierta disconformidad. ‘¿Desean retirarse porque no sacan ningún provecho de la organización?’, me preguntó.

“‘Eso es lo que sentimos’, le respondí.

“‘Dígame una cosa’, me dijo. ‘¿Qué es lo que aportan ustedes a la organización?’.

“‘Hermana Spafford’, agregó, ‘usted me sorprende. ¿Es que acaso piensa sólo en lo que puede sacar de provecho? ¿No tiene en cuenta lo que ustedes pueden aportar?’.

Entonces procedió a devolverme el documento y me ofreció la mano, diciéndome con considerable firmeza: ‘Sigan perteneciendo a esos consejos y hagan sentir su influencia’.

Con humildad acepté el consejo y con el tiempo, por medio de mucha paciencia y fidelidad, me ganó el corazón de las mujeres con las que trabajaba. Como consecuencia, las mujeres de todo el mundo fueron bendecidas por mi fe, sabiduría e inspiración ya que no sólo lideré la Sociedad de Socorro por 29 años sino que también presté servicio en el Consejo Nacional de Mujeres por 42 años y como su presidenta desde 1968 hasta 1970.

He conocido la grandeza del sacerdocio de Dios. He conocido la inspiración que guía a las autoridades que nos presiden. He aprendido que no hay nada más importante para mí como mujer que ser obediente a los consejos que me brindan.

Barbara Bradshaw Smith

Soy Barbara B. Smith, décima Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y dirigí a las mujeres de la Iglesia durante una época crucial de su historia. La Enmienda de Igualdad de Derechos a la Constitución de los EE. UU. que se había promulgado hacía que las mujeres se cuestionaran sus derechos, funciones y valores como madres y esposas. Pero yo defendí el llamamiento esencial de femineidad y dirigí fielmente a las hermanas de todo el mundo para que aceptaran gozosas su propósito divino como mujeres.

Como hermanas de la Sociedad de Socorro, las mujeres tenemos una noble herencia, un desafío actual y una visión de la grandeza que podemos alcanzar. Con la organización de la Sociedad de Socorro llegó el programa del Señor para Sus hijas. La piedra angular de esa obra era lograr participar plenamente en el alivio de aquellos de entre Sus hijos que estaban sufriendo. El Profeta también instruyó a las hermanas que su sociedad no era sólo para dar alivio al pobre sino para salvar almas. Ese desafío aún permanece hoy con nosotras.

La buena vida familiar nunca es un accidente, siempre es un logro. Esto fue tan cierto para las mujeres en el pasado como lo es para ustedes en la actualidad. Nuestra vida requiere disciplina, salir adelante sin comprometernos, convertir los preceptos en principios vivientes que nos harán más dignas.

Me he dado cuenta mejor de la gran importancia que tiene la Sociedad de Socorro. Antes pensaba que la Sociedad de Socorro era un don de Dios para las mujeres de la Iglesia, pero ahora estoy convencida de que es un don del Señor para todas Sus hijas, dondequiera que estén, y que si las mujeres de la Iglesia aprenden y llevan a la práctica los principios del Evangelio, ejercerán una gran influencia positiva sobre las mujeres de todo el mundo.

Barbara Woodhead Winder

Deseo y anhelo que estemos unidas, que seamos una con el sacerdocio, para servir y edificar el reino de Dios aquí, en esta época, y dar a conocer el gozo del Evangelio a los que tanto lo necesitan. Éste es Su reino. Tenemos la gran responsabilidad de proclamarlo.

Soy Barbara W. Winder y en 1984 fui llamada como la decimoprimera Presidenta General de la Sociedad de Socorro.

Llevaba casada once meses cuando nació mi primer bebé. Un día, justo después de llevar el bebé a casa yo tenía mucha fiebre. Richard estaba trabajando. No tenía automóvil ni teléfono y estaba muy asustada. Por suerte, mis maestras visitantes pasaron por allí y me ofrecieron la ayuda que necesitaba3.

Es de vital importancia que cada hermana tenga maestras visitantes a fin de comunicarle que se le necesita y que alguien la ama y piensa en ella. Pero igualmente importante es la forma en que la maestra visitante progresa en la práctica de la caridad. Al darles asignaciones como maestras visitantes, les brindamos la oportunidad de desarrollar el amor puro de Cristo, el cual puede erigirse en la bendición más grande de su vida.

Durante mi presidencia, en circunstancias difíciles, las cartas y las llamadas telefónicas se convirtieron en métodos aceptables del programa de maestras visitantes.

Fui relevada en cuando mi esposo fue llamado como presidente de la nueva Misión Checoslovaquia Praga en 1990.

Elaine Low Jack

Soy Elaine L. Jack, decimosegunda Presidenta General de la Sociedad de Socorro. Reconozco que no podía solucionar los problemas de cada mujer, pero sí podía recordarles cuál era su mayor fuente de fortaleza y poder: el evangelio de Jesucristo.

Pese a las aflicciones, a la confusión del mundo y a las voces mordaces, podemos confiar en el Señor y avanzar con alegría, sabiendo que, frente a cada escollo y dificultad, tendremos fortaleza para seguir adelante. ¿Por qué? Porque sabemos que el Señor cumple Sus promesas, que Él nos conoce por nuestro nombre y que tiene un plan para cada una de nosotras. Él nos hará saber qué es, y el realizarlo nos dará felicidad.

El primer objetivo [de la Sociedad de Socorro]… es edificar un testimonio personal. Ése es el cimiento para cualquier otra cosa que hagamos.

La Sociedad de Socorro cumplió su 150º aniversario en 1992. Para celebrarlo, animé a las hermanas a participar en proyectos de servicio en sus comunidades. Las hermanas hicieron de todo, desde abrir un amplio camino hacia un abrevadero, hasta pintar refugios para personas sin hogar y hacer colectas de libros. Además, se organizó la transmisión vía satélite del 150º Aniversario de la Sociedad de Socorro el 14 de marzo de 1992. Las hermanas sintieron un gran espíritu de unidad al participar en la primera transmisión en vivo de la Iglesia para las hermanas en diez de las principales ciudades del mundo, además de las de Estados Unidos, Canadá y el Caribe.

Somos parte de un gran todo. Nos necesitamos unas a otras para hacer que nuestra hermandad sea completa. Al tomar de la mano a nuestras hermanas, llegamos a todo continente, puesto que somos de todas las naciones. Nos unimos al procurar comprender lo que el Señor tenga que decirnos, lo que Él hará de nosotras. Aunque hablamos idiomas diferentes, somos una familia y podemos ser de un corazón.

Mary Ellen Wood Smoot

Soy Mary Ellen W. Smoot, decimotercera Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y quería que cada hermana entendiera, aceptara y viviera al nivel de su responsabilidad dentro de la organización.

Nos necesitamos unas a otras. Necesitamos maestras visitantes… que estén sinceramente interesadas en las hermanas a quienes visitan y que comprendan la importancia de su llamamiento a medida que se esfuerzan por llegar hasta cada una.

Quisiera suplicar a nuestras hermanas que dejen de preocuparse de si una llamada telefónica o una visita trimestral o mensual son suficientes y que, en vez de ello, se concentren en brindar cuidado amoroso a esas almas tiernas. Tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que la llama del Evangelio continúe viva en el corazón de esas personas. Se nos ha mandado buscar a las ovejas perdidas y ayudarlas a sentir el amor de nuestro Salvador.

En la reunión general de mujeres de 1999 presenté la Declaración de la Sociedad de Socorro, la cual expresaba el “significado, propósito y dirección” de la vida de las hermanas de la organización. Leeré una parte del texto:

“Como hermandad mundial, estamos unidas en nuestra devoción por Jesucristo, que es nuestro Salvador y nuestro Ejemplo. Como mujeres de fe, virtud, visión y caridad que somos… procuramos adquirir fortaleza espiritual al seguir los susurros del Espíritu Santo. Estamos consagradas al fortalecimiento del matrimonio, de la familia y del hogar… Nos deleitamos en prestar servicio y en hacer obras buenas… Nos regocijamos en las bendiciones del templo, comprendemos nuestro destino divino y nos esforzamos por alcanzar la exaltación.”

Bonnie Dansie Parkin

Cuando yo, Bonnie D. Parkin fui llamada como la decimocuarta Presidenta General de la Sociedad de Socorro en 2002, oré para saber qué necesitaban las mujeres de la Iglesia y recibí la fuerte impresión de que nosotras, Sus hijas, necesitamos saber que Él nos ama. Necesitamos saber que Él ve lo bueno en nosotras. El sentir Su amor nos alienta a seguir adelante, nos asegura que somos Sus hijas y nos confirma que nos valora aun cuando tropezamos y atravesamos contratiempos pasajeros.

Como miembros de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos la bendición y la responsabilidad de velar por la unidad familiar y sostenerla. Todas pertenecemos a una familia y toda familia necesita que se la fortalezca y proteja.

La ayuda más grande que recibí al convertirme en ama de casa provino primeramente de mi propia madre y de mi abuela, y después de las hermanas de la Sociedad de Socorro de los diferentes barrios donde vivimos. Aprendí destrezas y por medio del ejemplo vi el gozo que proviene de crear un hogar donde los demás deseen estar… Líderes de la Sociedad de Socorro, asegúrense de que las reuniones y actividades que planifiquen fortalezcan los hogares de todas las hermanas.

Si hay algo que deseo para los padres y líderes de esta Iglesia es que cada día sientan el amor del Señor en su vida mientras están al cuidado de los hijos de nuestro Padre Celestial… Los exhorto a que, en todos sus tratos, se pongan el manto de la caridad, para cubrir a su familia en el amor puro de Cristo.

Julie Bangerter Beck

Soy Julie B. Beck, decimoquinta Presidenta General de la Sociedad de Socorro y creo que la capacidad de reunir los requisitos para recibir revelación personal y actuar de acuerdo con ella es la aptitud más importante que se pueda lograr en la vida. Para reducir las distracciones se requiere un esfuerzo consciente, pero tener el Espíritu de revelación hace posible que triunfemos ante la oposición y perseveremos con fe en días difíciles y en tareas esenciales y rutinarias… Podemos estar seguros de que el Señor está complacido cuando sintamos que el Espíritu trabaja por medio de nosotros. Con ella [la revelación personal], no podemos fracasar; sin ella, no podemos tener éxito.

La revelación también desempeña un papel importante en el programa de las maestras visitantes ya que lidera y guía a las hermanas para saber cómo ministrarse unas a otras durante todo el mes. Para nosotras es una bendición orar por otra hermana y recibir inspiración sobre la forma en que el Señor quiere que velemos por una de Sus hijas.

El programa de las maestras visitantes se convierte en la obra del Señor cuando nos concentramos en las personas en vez de en los porcentajes. En realidad, esta obra nunca se termina; es más un modo de vida que una tarea. El servir con fidelidad como maestra visitante es evidencia de nuestro discipulado.

Linda Kjar Burton

Soy Linda K. Burton y soy la decimosexta Presidenta General de la Sociedad de Socorro.

En la oración dedicatoria del Templo de Kirtland, el profeta José Smith utilizó una frase que por mucho tiempo he amado. En Doctrina y Convenios 109:15leemos, ‘y que crezcan en ti’.¿Qué podemos hacer para preparar a nuestras familias a ‘crecer en el Señor’ a fin de que ellos y nosotros podamos reclamar las bendiciones asociadas con la adoración en el templo?

Invito todos a establecer una prioridad más alta en la preparación de nosotros mismos y nuestros seres queridos de participar dignamente de las sagradas y eternas bendiciones y ordenanzas del templo. Anhelo que aceptemos la invitación escrita en el salón de asambleas del Templo de Nauvoo abandonado cuando los santos se dirigían al oeste. Simplemente dice:‘El Señor ha visto nuestro sacrificio: Sígannos’.Testifico que ningún sacrificio será demasiado grande para reclamar las bendiciones de la eternidad que les esperan al adorar dignamente en el templo, guardar nuestros convenios y ayudar a los demás a ‘crecer en el Señor’.

Jean B. Bingham

Soy Jean B. Bingham y en 2017 fui llamada como la Presidenta General de la Sociedad de Socorro de la actualidad.

¡Qué maravillosa bendición vivir en una época de continua revelación de Dios! Al esperar y aceptar la “restauración de todas las cosas”, que ha venido y que vendrá a través de los eventos profetizados de nuestros tiempos, se nos está preparando para la segunda venida del Salvador.

¡Y qué mejor manera de prepararse para recibirlo que esforzarse por llegar a ser como Él al ministrarnos con amor los unos a los otros! 

Después de todo, la verdadera ministración se realiza uno por uno, siendo el amor la fuerza motivadora. ¡El valor, el mérito y la maravilla de la verdadera ministración es que realmente cambia vidas! Cuando nuestros corazones sean receptivos y estén dispuestos a amar e incluir, alentar y consolar, el poder de nuestra ministración será irresistible. Con el amor como la fuerza motivadora, ocurrirán milagros y encontraremos maneras de llevar a nuestros hermanos y hermanas “ausentes” al abrazo incluyente del evangelio de Jesucristo.

Ruego que demostremos nuestra gratitud y nuestro amor por Dios al ministrar con amor a nuestras hermanas y hermanos eternos.

Fin de la actividad

Inviten a las hermanas mayores o pioneras del barrio a compartir sus testimonios. Pueden armar una mesa con fotos de cada Presidenta General de la Sociedad de Socorro y de fotos antiguas de la Sociedad de Socorro de sus barrios.

Concluyan la actividad cantando todas juntas “Sirvamos Unidas”, Himnos 205.

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Decoración

Pueden descargar el kit para decorar la torta y la mesa dulce. También usarlos de etiquetas para regalitos de recuerdos.

Actividades extras

Sobre Conexión SUD

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