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Primaria 2015

Soy un hijo de Dios y algún día podré ser como Él.

· Muestre a los niños varias imágenes de crías de animales (o los animales del pesebre) y pregúnteles qué llegará a ser cada animal (por ejemplo, un potro crecerá y llegará a ser un caballo). Muestre la imagen de un bebé y haga la misma pregunta. Explique que hay algo especial en el bebé que es diferente de las crías de animales. Canten juntos “Soy un hijo de Dios” (CN, págs. 2–3) y pida a los niños que presten atención para descubrir de quién somos hijos. Pida a un niño que lea Salmos 82:6 y luego hablen sobre lo que enseñan la canción y el pasaje de las Escrituras. En la pizarra, escriba: “Soy un hijo de Dios y algún día podré ser como Él”, y pídale a un niño que lo lea en voz alta.

· Invite a varios niños a que hablen sobre las formas en que sienten el amor de sus padres. Explique que el Padre Celestial también desea que sintamos Su amor. Exprese una manera en que usted siente el amor que Dios le tiene, y luego invite a varios niños a que den a conocer las formas en que sienten el amor que Él les tiene. Canten “Dios vive” (CN, pág. 8) y pida a los niños que hablen sobre lo que sienten al saber que Él es nuestro Padre.

Soy un Hijo de Dios

· Canten “Soy un hijo de Dios” (Himnos, Nº 196; Canciones para los niños, pág. 2). Al mismo tiempo que le tira a un niño la bolsita de granos o el objeto blando, dígale: “Conozco a un hijo (hija) de Dios que se llama ” y haga que el niño diga su propio nombre, después de lo cual le devolverá la bolsita. Repita esta acción con cada uno de los alumnos hasta que todos hayan tenido su oportunidad.

· Poema “Mi Padre Celestial me conoce”

Mi Padre Celestial me conoce (señalarse a sí mismo);

sabe lo que me gusta hacer. Mi nombre sabe y donde vivo (unir las puntas de los dedos, formando un tejado).

Yo sé que me ama Él (poner los dedos a los lados de la boca sonriente)

Sabe lo que me pone alegre (poner los dedos a los lados de la boca sonriente).

y lo que me hace infeliz (poner los dedos a los lados de la boca con expresión de tristeza)

Sé que quiere ayudarme (señalarse a sí mismo) y eso me hace muy feliz.

· ¿Quién es el Padre Celestial? (Emplee las respuestas de los niños como orientación para explicarles esta parte de la lección de acuerdo con su nivel de comprensión.) Muéstreles la lámina 1–1, “El mundo”, y explíqueles que antes de nacer en esta tierra, siendo espíritus, vivíamos en el cielo con nuestro Padre Celestial; y que el espíritu es lo que está dentro de nosotros y nos da vida; que cuando éramos espíritus, no teníamos un cuerpo de carne y huesos como el que ahora tenemos, pero teníamos el mismo aspecto. Dígales que nuestro Padre Celestial es el padre de nuestro espíritu y que, por lo tanto, somos Sus hijos espirituales. Aunque no recordamos que vivimos con nuestro Padre Celestial antes de venir a la tierra, sabemos que somos Sus hijos espirituales porque las Escrituras nos lo enseñan.

· Para hacer hincapié en el hecho de que nuestro Padre Celestial nos conoce y se preocupa por cada uno de Sus hijos, haga que ellos terminen frases como éstas: “Mi Padre Celestial sabe que estoy triste cuando __________”, “Mi Padre Celestial sabe que estoy alegre cuando __________”, “Mi Padre Celestial sabe que lo que más me gusta hacer es __________”, “Mi Padre Celestial sabe que me gusta venir a la Primaria porque __________”. Siga haciendo lo mismo con distintas frases hasta que todos hayan participado.

· Explíqueles que nuestro Padre Celestial es el Rey del cielo y de la tierra y que, por ser Sus hijos, nosotros somos príncipes y princesas. Haga con anticipación una corona sencilla de cartulina para cada niño y escriba en cada una: “Soy hijo (hija) de Dios”. Deje que ellos las coloreen.

· Muestre una lámina de Moisés. Explique que Moisés fue un gran profeta que vivió hace mucho tiempo. Diga a los niños que Moisés fue a una montaña a orar. Invite a los niños a hacer de cuenta que están escalando una montaña; luego pídales que crucen los brazos como si estuvieran orando. Abra la Perla de Gran Precio en Moisés 1:4 y diga: “Dios le dijo a Moisés: ‘He aquí, tú eres mi hijo’”. Explique que Moisés aprendió que era hijo de Dios. Ayude a los niños a realizar los movimientos apropiados para el verso siguiente, mientras usted dice las palabras:

“El pequeño Moisés”

El bebé Moisés en un barquillo durmió (Hacen canastita con la mano izquierda y colocan en ella el dedo índice de la mano derecha).

Y mi hermana desde la orilla vigiló (colocar los dedos enfrente de los ojos formando rejillas).

Y en sus brazos lo tomó (hacer moción de levantar un bebé y sostenerlo en brazos).

Dijo: “A este bebé de todo peligro cuidaré” (mecer al bebé en los brazos).

· Muestre a los niños unos cuantos guantes diferentes y señale que cada guante se ve diferente, tal como cada uno de nosotros nos vemos dife- rentes. Explique que sin importar cuán diferentes nos veamos, todos tenemos un espíritu dentro del cuerpo, el cual nos da vida. A fi n de ilustrarlo, póngase un guante y mueva los dedos. Explique que el guante es como el cuerpo y que la mano es como el espíritu. Pida a los niños que traten de identifi car la respuesta a la pregunta “¿Quién es el Padre de mi espíritu?” a medida que lea las dos primeras oraciones de Malaquías 2:10 . Escriba “Dios es el Padre de mi espíritu” en la pizarra. Pida a los niños que lo lean junto con usted y explique que todos somos parte de una gran familia: la familia de Dios.

· ¿Alguna vez has sostenido en brazos a un bebé? ¿Te has preguntado dónde vivían los bebés antes de nacer? ¿Sabes dónde vivías tú antes de nacer en tu familia? La Primera Presidencia lo explica en la primera página de la guía Fe en Dios: “Eres un hijo de Dios. Él es tu Padre Celestial, y te ama y se preocupa por ti”. ¿Cómo puedes saber que tu Padre Celestial te ama? Una manera que tienen nuestros padres terrenales de demostrarnos su amor es darnos alimento y un hogar. También nos enseñan a escoger lo correcto. Nuestro Padre Celestial nos ha dado muchas cosas para acordarnos cada día de Su amor: nuestro hermoso planeta, las Escrituras, los profetas actuales y nuestra familia. Pero por encima de todo, Él envió a Jesucristo. Gracias a Jesucristo, podemos volver a vivir con nuestro Padre Celestial si escogemos lo correcto. El presidente Gordon B. Hinckley ha enseñado que podemos demostrar nuestro amor por nuestro Padre Celestial al hablar con él mediante la oración y guardar Sus mandamientos. Al hacerlo, el presidente Hinckley nos promete: “Él te cuidará y guiará y protegerá; Él te bendecirá en la escuela y en la Primaria; Él te bendecirá en casa para que seas un mejor varoncito o niña… Nunca te olvides, mi amiguito, de que realmente eres un hijo de Dios, que has heredado parte de Su naturaleza divina, y que él te ama y desea ayudarte y bendecirte” (“Eres un hijo de Dios”, Liahona, mayo de 2003, pág. 119).

· ¿Quién eres? ¿Lo sabes? Sabes cómo te llamas y que perteneces a una familia aquí en la tierra. Tus padres y tu familia te aman y eres especial para ellos, pero también eres especial para tu Padre Celestial. Él es el Padre de tu espíritu; viviste con Él en el cielo antes de que vinieras a la tierra. Toda persona que ha nacido en la tierra es un hijo de nuestro Padre Celestial. No recuerdas haber vivido con tu Padre Celestial, pero eres Su hijo. Las Escrituras nos enseñan que “todos [somos] hijos del Altísimo” (Salmos 82:6). “Altísimo” es como se llama a nuestro Padre Celestial. ¿Tienes el mismo color de ojos que tu madre? ¿Tiene tu cabello el color del de tu padre? Los hijos muchas veces se parecen a sus padres. La Biblia nos enseña que “creó Dios al hombre a su imagen” (Génesis 1:27). Ser creado a Su imagen significa que te pareces a tu Padre Celestial y que puedes llegar a ser como Él. Los profetas testifican que eres un hijo de Dios y que Él te conoce y te ama. Cada vez que cantas “Soy un hijo de Dios” (Canciones para los niños, págs. 2–3), también tú testificas que sabes quién eres. Tu Padre Celestial te ama, contestará a tus preguntas y te ayudará a ser como Él. Eres Su hijo y desea que algún día vuelvas a vivir con Él.

· Muestre a los niños una lámina de un bebé o invite a una madre a hablar de los preparativos del alumbramiento de su bebé (por ejemplo: reinaba la alegría en la familia, prepararon la ropita para bebé, sabían que amarían al bebé). Relacione esto con cómo se siente nuestro Padre Celestial con nosotros. Él preparó este mundo para que viviéramos en él y se regocija conforme crecemos, aprendemos y tomamos decisiones correctas. Prepare unos casos para analizar (véase La enseñanza: el llamamiento más importante, 1999, pág. 184) que demuestren que, dado que somos hijos de Dios, hemos decidido elegir y actuar de acuerdo con ese conocimiento. Recorten siluetas de niños en papel rojo, amarillo y azul. Cuando los niños canten “Soy un hijo de Dios”, haga que se pasen las siluetas unos a otros. Cuando la música se detenga, los que tengan una silueta roja deberán decir una forma en la que sepan que nuestro Padre Celestial los ama; si tienen una silueta amarilla, deberán mencionar una forma en la que pueden demostrar su amor por nuestro Padre Celestial; y los que tengan una silueta azul deberán resolver uno de los casos para analizar. Pida a cada niño que escriba una forma en que sepa que es un hijo de Dios.

· Pida a los niños que se pongan de pie siempre que oigan una frase que los describa. Emplee frases que demuestren las semejanzas y las diferencias que existen entre los niños, como por ejemplo: todo el que tenga nariz o todo el que vista de azul. Explique que todos compartimos características similares a las de nuestro Padre Celestial porque somos hijos Suyos. Podemos crecer espiritualmente para ser como nuestro Padre Celestial. Escriba en un extremo de la pizarra: “Nuestro Padre Celestial es” y en el otro extremo “Yo puedo ser”. Pida a los niños que enumeren algunas características de nuestro Padre Celestial (amoroso, amable, generoso, etc.). Luego pídales que mencionen algunas de esas cualidades que tengan o que les gustaría desarrollar.

Sobre Conexión SUD

Cumplir con nuestro llamamiento sin descuidar nuestras otras miles de obligaciones es posible! Soy Rocio, mamá, diseñadora y blogger SUD. Bienvenidos a Conexión SUD!

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