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Tiempo para Compartir: Las Escrituras me enseñan la forma de orar.

Amigos, Febrero 1992
 
«Mas he aquí, os digo que debéis orar siempre.»
2 Nefi 32:9


Hace mucho tiempo vivía un hombre llamado Alma. Él era el juez superior (gobernante) de su pueblo, los nefitas. También era el sumo sacerdote de la Iglesia. Alma estaba preocupado porque los miembros de la Iglesia se preocupaban más por sus ropas finas, oro y plata, que lo que lo hacían sobre Jesucristo y el Padre Celestial. Y no se ocupan de los que estaban hambrientos, pobres o enfermos.

Alma quería predicar a su pueblo con la esperanza de que se arrepientan, por lo que eligió a otro hombre para ocupar su puesto como juez superior. Luego viajó a pueblos y ciudades en todo el país y predicó el evangelio. En una ciudad, el Señor llamó a un hombre justo, Amulek, para acompañar a Alma.

Un día, Alma y Amulek fueron a los zoramitas. Entre otras cosas, los zoramitas habían olvidado cómo orar con reverencia. Habían construido sinagogas o iglesias, y en el medio de cada uno era un soporte de altura, cuya cima estaba muy por encima de la congregación. El stand fue llamado Rameúmptom o soporte santo. Un día a la semana, la gente se turnaba para subir a la parte superior de la Rameúmptom. A medida que cada persona llegaba a la cima, levantaba sus manos hacia el cielo y en voz alta repetía una oración jactanciosa. Cada persona decía exactamente la misma oración, luego bajaban, se iban a casa, y nunca más oraban o pensaban acerca de Dios durante el resto de la semana.

Alma y Amulek enseñaron a los zoramitas que podían orar en cualquier momento y en cualquier lugar, que podían orar en silencio en sus corazones, o en voz alta, y que no debían esperar hasta que fueran a la iglesia el domingo para orar. Amulek les dijo que debían orar siempre, en sus campos, en sus casas, solos en sus hogares. Amulek les enseñó que podían orar a nuestro Padre Celestial por todo y que no deben limitarse a repetir las mismas palabras una y otra vez. Dijo que deberían agradecer a nuestro Padre Celestial por todas las cosas buenas que Él les había dado, que deben pedir la ayuda y la fuerza que necesitaban, y que deben orar por los demás. Sabía que si lo hacían, se sentirían más reverente hacia nuestro Padre Celestial. (Véase Alma 4, 8 Alma, Alma 31 Alma 34.)

Al igual que los zoramitas que escucharon a Alma y Amulek, tenemos que aprender a orar con reverencia. Comenzamos dirigiéndonos a nuestro Padre Celestial y le damos gracias por las bendiciones que nos ha dado. Podemos pedirle ayuda y orientación, protección, y otras cosas que necesitamos. Terminamos nuestra oración en el nombre de Jesucristo, entonces decimos: «Amén.»


Permita que los niños pinten sus tarjetas, las recorten y dibujen las cosas por las que dan gracias y las bendiciones que le piden a nuestro Padre Celestial. Recorten las tarjetas y ordenenlas atándolas como librito.


Invite a varios niños para estar en un panel. Pegue con cinta preguntas sobre la oración a las sillas de los otros niños. Ellos deben hacer las preguntas a los miembros del panel. Deje que los niños ayuden a los demás a responder preguntas del panel. Las preguntas pueden ser: ¿Cuándo podemos orar? ¿Cómo cerramos nuestras oraciones?


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