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mujer joven orando

El ayunar y orar puede fortalecer mi testimonio

El primer domingo de cada mes se llama ‘Domingo de ayuno y testimonio’, ese domingo ayunamos, es decir, nos privamos de alimentos y bebidas por todo un día, también oramos y nos acercamos mas a Nuestro Padre Celestial y Jesucristo.

El dinero que ahorramos de los alimentos y bebidas que no consumimos lo damos como ‘Ofrenda de ayuno’, este dinero sirve de ayuda a los pobres y necesitados, se compra alimentos, ropa y otros artículos de primera necesidad que sean necesarios para dichas personas.

Los niños no tienen la obligación de ayunar, pero luego del bautismo, los niños deben prepararse para que en un futuro, no muy lejano, puedan ayunar y así ayudar en la obra de Dios.

Además podemos ayunar para pedir ayuda, ya sea para tomar una decisión o resolver un problema.
Al ayunar demostramos a Nuestro Padre Celestial y Jesucristo que los amamos y que confiamos en que ellos nos ayudarán y contestarán nuestras oraciones.

Nuestro Padre Celestial y Jesucristo saben que es difícil ayunar para nosotros; también saben que cuando ayunamos nuestras oraciones son sinceras y que en verdad necesitamos Su ayuda.

Contar el siguiente relato sobre el ayuno e intercambiar ideas con los niños:

Lucrecia miró dentro de la bolsa y salió corriendo en dirección al fondo de la casa, donde su amiguito Daniel, un vecino, estaba jugando. La mamá de Lucrecia estaba cuidando al niño porque la mamá de éste estaba enferma.

—¡Mira! —dijo Lucrecia—. ¡Mira lo que me trajo mi papá!

Daniel miró dentro de la bolsa.

• ¿Qué piensan ustedes que hizo Lucrecia? ¿Creen que ella dijo: “No te daré ningún dulce”, o piensan que dijo: “Toma un dulce”?

• ¿Cómo creen que se sentiría Daniel si ella le dijera: “No te daré ningún dulce”? ¿Cómo creen que se sentiría el papá de Lucrecia si ella dijera eso? ¿Se sentiría él contento?

• Y si ella dijera: “Toma un dulce”, ¿estaría contento Daniel? ¿Estaría contento el papá de la niña?
¿Estaría contento nuestro Padre Celestial? ¿Estaría contenta Lucrecia?

Y sucedió que la niña dijo: “Toma un dulce” y, de ese modo, todos estaban contentos.

En el domingo de ayuno ustedes pueden compartir algo tal como lo hizo Lucrecia: pueden ir a la Iglesia sin haber desayunado, y al no comer (mencione las comidas que por lo general los niños coman) podrían ahorrar el dinero de sus padres y, de ese modo, ellos podrían entregar al obispo esa cantidad de dinero para que él ayude a alguien que no tenga nada que comer.

• ¿Creen ustedes que eso hará feliz a los que no tiene alimentos?

• ¿Les haría felices a ustedes?

Invitar a los niños a que dibujen a una persona por la que les gustaría orar.

Hacer las siguientes preguntas a los niños, si les son difíciles ayudarlos dándoles pistas acerca de la respuesta:

• ¿Quiénes deben orar? (Todas las personas que puedan hacerlo.)

• Cuando ayunamos y entregamos dinero al obispo o presidente de rama, ¿cómo se le llama a ese dinero? (Ofrendas de ayuno.)

• ¿Qué hace el obispo con el dinero de las ofrendas de ayuno? (Lo utiliza para ayudar a los pobres y a los necesitados.)

• ¿Cuáles son algunas de las razones por las que ayunamos? (Para sentirnos más cerca de nuestro Padre Celestial; para recibir ayuda de nuestro Padre Celestial; para ayudar a los demás; porque es un mandamiento.)

• ¿De qué manera nos ayuda el ayuno? (Nos permite sentirnos más cerca de nuestro Padre Celestial y Jesucristo.)

• ¿Cuál es el domingo de ayuno? (Por lo general, el primer domingo del mes.)

• ¿Qué le demostramos a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo cuando ayunamos? (Que oramos con sinceridad y que tenemos fe en Ellos.)

• ¿Estarían dispuestos a ayunar si ustedes o alguien a quienes ustedes quieren mucho necesitara ayuda?

Sugerir a los niños a que hablen con sus padres respectivos sobre el ayuno y que vean cuándo y por cuánto tiempo ellos podrían ayunar.

Relatar con tus propias palabras el relato que se encuentra en Marcos 9:17–29:

Un día en que Jesucristo se reunió con Sus discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos. Un hombre que salió de entre la multitud fue a arrodillarse a los pies de Jesús y le contó la triste historia de su hijo que había estado enfermo desde hacía años. El padre del muchacho había pedido a los discípulos de Cristo que lo bendijeran, pero ellos no pudieron sanarlo. Con lágrimas en los ojos, aquel padre suplicó a Jesús que sanara a su hijo, pues tenía la convicción de que el joven podía sanar. Entonces Jesús bendijo al muchacho enfermo, le tomó de la mano y le levantó, y el muchacho sanó.

Los discípulos se asombraron, y después que el padre se alejó con el muchacho, los discípulos le preguntaron a Jesús por qué razón ellos no habían podido sanar al muchacho. Él les contestó que para sanar a aquel muchacho era necesario algo más que la oración: también era indispensable ayunar.

Sobre Conexión SUD

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