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Sostenimiento de líderes - sostener a los líderes del sacerdocio

¿Qué significa sostener a mis líderes de la Iglesia?

Los miembros de la Iglesia tenemos la oportunidad de sostener a las personas a quienes el Señor ha llamado a prestar servicio. Levantamos la mano para indicar que sostenemos a las Autoridades Generales y a los oficiales de la Iglesia, y a cada uno de los líderes de nuestro barrio y estaca—incluso las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes. Sostener a los líderes implica más que tan sólo levantar la mano; significa apoyarlos, orar por ellos, aceptar asignaciones y llamamientos, dar oído a sus consejos y refrenarnos de criticarlos.

  • ¿Qué hace usted para sostener a los líderes de la Iglesia? ¿Cómo ha sido bendecida al hacerlo? ¿Cómo puede ayudar a las jovencitas a sentir el amor que usted tiene por ellas como su líder?
  • ¿Cuándo ha visto a las mujeres jóvenes de su clase sostener a los líderes de la Iglesia, incluso a las miembros de la presidencia de clase? ¿Qué experiencias podrían compartir las unas con las otras?

 


 

Entregue un lápiz y una copia del cuestionario a cada jovencita. Pídales que escriban el nombre del líder correspondiente en el espacio que se provee en la hoja. Cuando hayan terminado, pregúnteles si sostienen y apoyan a esos líderes del sacerdocio.

Qué significa sostener a mis líderes de la Iglesia

• ¿Qué quiere decir “apoyar” y “sostener” a alguien?

Algunas de las definiciones que da el diccionario a la palabra apoyar es “Ayudar… para que algo o alguien… consiga sus propósitos” y “Contribuir a cierta acción o esfuerzo”, “Favorecer”, “Patrocinar”. Y la palabra sostener quiere decir, entre otras cosas, “Apoyar. Ayudar a alguien”.

Escriba en la pizarra esas definiciones.

Debajo de las definiciones escriba las palabras Por qué y Cómo. Y bajo éstas, anote en una columna a cada uno de los líderes del sacerdocio que menciona el cuestionario (Presidente de la Iglesia, etc.), para que quede como aparece a continuación:

Apoyar: “Ayudar… para que algo o alguien consiga sus propósitos”. “Contribuir a cierta acción o esfuerzo”. “Favorecer”. “Patrocinar”.

Sostener: “Apoyar. Ayudar a alguien”.

Por quéCómo
Presidente de la Iglesia
Consejo de los Doce
Presidente de estaca (o misión)
Obispo (o presidente de rama)
Maestro orientador
Padre

• ¿Cuáles son algunas razones por las que el Señor nos pide que apoyemos y sostengamos a los líderes del sacerdocio? ¿De qué formas podemos hacer eso?

Pida a las jóvenes que mencionen por lo menos una razón para sostener a cada uno de los líderes nombrados, uno por uno, y varias formas de hacerlo. Anote las respuestas junto al título del líder. Exhorte a las alumnas a pensar en determinadas cosas que harán para sostenerlos. Por ejemplo, en lugar de anotar “Hacer lo que me pida” junto al cargo de obispo o presidente de rama, sería mejor decir algo como “Aceptaré de buena gana cuando me pida que hable en la reunión sacramental y me prepararé para hacerlo”.

Para que comprendan bien la razón por la que deben sostener a los líderes del sacerdocio, haga que lean los siguientes pasajes y la cita que aparece a continuación: Doctrina y Convenios 1:38; Doctrina y Convenios 112:20; Crónicas 20:20; Amós 3:7.

“Las mujeres tienen igual prerrogativa de sostener al sacerdocio que los hombres. Ya sea en el hogar o en la organización de la Iglesia, habría muy poca inspiración y nada de progreso si las mujeres no sostuvieran al sacerdocio” (Matthew Cowley, Matthew Cowley Speaks,Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954, pág. 194).

Una forma de apoyar a nuestros líderes es orar por ellos

Hágales notar que el orar por nuestros líderes es una importante forma de ayudarles.

Pida a la alumna a quien le haya dado la asignación que lea o cuente el siguiente relato de la impresión que tuvo una joven de la forma en que la familia del presidente Ezra Taft Benson lo fortalecía y apoyaba en su oficio del sacerdocio:

“La primera vez que fui al Tabernáculo de Salt Lake para asistir a una conferencia general de la Iglesia, me quedé admirada ante la inmensidad del edificio, pero aún más por la presencia magnética de las Autoridades Generales que allí se encontraban, y que parecía llenar todo el recinto.

“Durante los años de mi niñez, muchos de ellos habían visitado nuestra pequeña rama del estado de Montana. En esa época, no teníamos televisores ni era posible recibir la transmisión de la conferencia por radio; así que considerábamos que cada una de esas visitas era una bendición especial. A mí me parecía que tenían un poder y una fe superiores a las de cualquier otro hombre.

“Más tarde, en aquel día de abril… descubrí uno de los secretos de la fortaleza de las Autoridades Generales.

“Me hallaba sentada con los seis hijos del élder Ezra Taft Benson; una de sus hijas era mi compañera de cuarto en la universidad. Mi interés aumentó cuando el presidente McKay se levantó y anunció al próximo discursante; observé respetuosamente al élder Benson, a quien todavía no conocía personalmente, mientras se dirigía al micrófono. Era un hombre grande de estatura, y medía casi dos metros de altura; era un personaje distinguido, con título de doctor, y bien conocido en los ámbitos internacionales por ser el Ministro de Agricultura de los Estados Unidos; además, era un testigo especial del Señor, un hombre que parecía ser sereno y seguro de sí, que había dirigido la palabra a auditorios de todo el mundo. De pronto, sentí que alguien me tocaba; era una de las hijas del élder Benson, que me dijo con tono de apremio: ‘Ora por papá’.

“Un poco sorprendida, me di cuenta de que el mensaje iba pasando de uno a otro a lo largo del banco, y pensé: ‘¿Qué digo? ¿”Ora por el élder Benson”? ¿O diré “Debes orar por tu padre”?’ Pero dándome cuenta de que debía hacerse algo inmediatamente, me incliné y le dije a la persona que estaba a mi lado: ‘Ora por papá’.

“Me fijé entonces en que el mensaje pasaba de boca en boca hasta donde se hallaba sentada la hermana Benson, que ya tenía la cabeza inclinada.

“Desde ese día, muchas veces he recordado aquel mensaje: Ora por papá, el patriarca del hogar. Ora por él cuando sea presidente de distrito o maestro orientador; ora por él cuando lo nombren secretario de un grupo de servicio público, cuando su negocio o empleo prospere o cuando le rebajen el sueldo; ora por él cuando vaya a dar consejos a la familia en la noche de hogar. Ora por el papá que trabaja duramente para que Jaime pueda cumplir una misión o para que Diana pueda ir a la universidad; ora por él cuando tenga que hablar en la reunión sacramental o cuando esté por darle una bendición a mamá para que se mejore; ora por él cuando bautice a Guillermo o cuando le dé a un pequeñito recién nacido su nombre y una bendición de padre. Y por la noche, cuando llegue cansado o desanimado, ora por él. Ora por papá en todo lo que haga, en los hechos pequeños y en los grandes.

“Al pasar los años, han llegado y han concluido muchas conferencias generales; pero cada vez que el presidente Benson se ha puesto de pie para hablar, yo he pensado: ‘Sus hijos, que están ahora esparcidos por todo el país, se encuentran en este momento unidos en una oración por su padre‘.”

“Y he llegado a la convicción de que el breve mensaje que pasó a lo largo de la hilera de personas sentadas en aquel banco… hace ya años es el mensaje más importante que puedan comunicarse los miembros de una familia. Qué fortaleza y fe extraordinarios tendrá un hombre para enfrentar las dificultades cotidianas si en alguna parte del mundo uno de sus hijos pasa a los otros el mensaje: ‘Ora por papá’ “ (Elaine S. McKay, “Pray for Dad”, New Era, junio de 1975, pág. 33).

Recalque el hecho de que el sostener y apoyar al sacerdocio va más allá del mero acto de levantar la mano derecha; significa orar por ellos, hablar bien de ellos y obedecer sus instrucciones.

Debemos fortalecer a los jóvenes poseedores del sacerdocio

Hágales notar que la obligación que ellas tienen de sostener a los que poseen el sacerdocio no se limita únicamente a los líderes, sino que también tienen grandes posibilidades de fortalecer y sostener a los jóvenes de su misma edad.

Pida a la alumna a quien haya dado la asignación que relate lo siguiente:

Un joven élder que había sido llamado a cumplir una misión en el extranjero habló en la reunión sacramental de su barrio. Había muchos jóvenes presentes, incluso un gran número de jovencitas, lo cual no es muy común.

“Cuando se aproximaba al fin de su discurso, percibí la extraordinaria influencia que habían tenido los amigos en aquel muchacho, espiritualmente más maduro de lo que se esperaría a su edad. Después de expresar agradecimiento a su familia y otros seres queridos, y antes de dar su testimonio, se tomó del púlpito con ambas manos y se inclinó hacia adelante; bajó la cabeza por unos momentos y luego, levantando otra vez la mira- da, dijo serenamente: ‘Y agradezco a todos mis amigos, y especialmente a ustedes, las chicas que se encuentran acá, el que hayan observado las normas del evangelio y me hayan instado a hacer lo mismo’. El tono de su voz se hizo más profundo al continuar: ‘Gracias por la influencia que han tenido en ayudarme a prepararme para la misión’ “ (Ardeth G. Kapp, “By the Way She Is”, New Era, sept. de 1976, págs. 10–12).

• ¿Qué creen ustedes que habrían hecho esas jovencitas para influir así en el futuro misionero?

• ¿Qué influencia tendrían en su decisión de ir a una misión?

• ¿De qué manera pueden ustedes influir con su actitud y su conducta en la decisión de un joven?

Explíqueles que toda jovencita tiene la capacidad de influir positivamente en los muchachos que poseen el sacerdocio para que cumplan sus responsabilidades. Lea lo siguiente, escrito por la hermana Ardeth Kapp, que describe las formas de demostrar esa influencia:

“Jovencitas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días:

  1. Los muchachos que se cuentan entre sus amigos ¿saben que ustedes tienen una norma de excelencia de la cual no se desviarán?
  2. Por sus acciones y sus palabras, ¿saben ellos que ustedes honran y respetan a sus padres?
  3. y ¿que siguen los consejos de los líderes de la Iglesia?
  4. ¿Saben que ustedes no saldrán solas con un joven hasta después de cumplir los dieciséis años porque un Profeta del Señor lo ha aconsejado así?
  5. Por sus acciones, ¿saben ellos que ustedes han tomado la decisión de seguir el buen camino y que no flaquearán?
  6. ¿Pueden ellos considerar su amistad como un medio de obtener confianza y respeto por sí mismos?
  7. Su manera de expresarse y de vestirse, sus gustos sobre diversiones, música, libros y películas, ¿ayudarán a los jóvenes que son sus amigos a sentir respeto y admiración por la mujer?
  8. Al enfrentar los muchachos un mundo en el que se tergiversa el papel de la mujer, ¿pueden ver en ustedes el refinamiento y la delicadeza que los estimulen a una actitud de reverencia, respeto y honra hacia la sagrada función de la mujer?

“Me extraña no haberme dado cuenta antes de ello, pero la mayor influencia que puede ejercer una joven en un muchacho no es alentarlo a cumplir una misión, sino revelar por medio de sus acciones su testimonio del Evangelio de Jesucristo y su compromiso de seguirlo, así como demostrarlo mediante su poder para hacer avanzar la causa del bien” (“By the Way She Is”. pág. 13; los números se han agregado).

Dé a cada una de las alumnas una copia de las ocho preguntas que hace la hermana Kapp; dígales que la lleven a su casa y, orando para obtener resultados, se evalúen y reflexionen sobre sus acciones. Sugiérales que la coloquen en su “Libro de Recuerdos” y que de vez en cuando la saquen y vuelvan a evaluarse.

Sostenemos a los poseedores del sacerdocio - Conexión SUD

Sostenemos a nuestros líderes

Los Santos de los Últimos Días creen que Jesucristo mismo es la cabeza de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Él llama, por inspiración, a profetas y apóstoles para que dirijan Su Iglesia. El Señor ha dado a estos líderes la autoridad para llamar a otras personas a servir en la Iglesia, como por ejemplo a los miembros de los Setenta. Los apóstoles y los setentas extienden llamamientos a presidentes de estaca, quienes llaman a los obispos, y éstos, a su vez, llaman a los miembros para que presten servicio en los diferentes cargos de sus barrios. Por lo tanto, la autoridad del sacerdocio y la revelación son la guía para los llamamientos de la Iglesia desde el nivel general hasta el de las congregaciones locales.

Tenemos la oportunidad de sostener a cada una de esas personas en su llamamiento, es decir, apoyarlas, ayudarlas y orar por ellas. Indicamos que estamos dispuestos a hacerlo al levantar nuestra mano derecha cuando se leen sus nombres en una conferencia general, de estaca o de barrio, o en la reunión sacramental. El levantar la mano es una señal para nosotros, para ellos y para el Señor de que los sostendremos.

El levantar la mano para sostener a alguien no es lo mismo que votar por una persona para un cargo político. El Señor ya ha llamado a esa persona a fin de que sirva en ese llamamiento por medio de alguien que tiene la autoridad del sacerdocio para extenderlo. Nuestro sostenimiento es un voto de confianza en la persona, ya que reconocemos que él o ella ha sido llamada por Dios mediante los líderes del sacerdocio a quienes sostenemos.

Podemos sostener a las Autoridades Generales y a los líderes y oficiales locales de varias maneras:

  • Mediante nuestra fe y oraciones a su favor.
  • Al seguir su consejo.
  • Al ayudar cuando ellos nos piden que lo hagamos.
  • Al aceptar los llamamientos que nos extiendan.

El sostener a nuestros líderes es evidencia de nuestra buena voluntad, nuestra fe y nuestra hermandad.

  1. Sostenemos a las Autoridades Generales de la Iglesia.
  2. Al levantar la mano, mostramos que sostendremos a nuestros líderes locales y a las demás personas a quienes se llama para que nos presten servicio.
  3. Sostenemos a nuestros líderes al seguir su consejo.
  4. Sostenemos a nuestros líderes al aceptar llamamientos, ya que los llamamientos se nos extienden por medio de “aquellos que tienen la autoridad” (Artículos de Fe 1:5).
  5. Sostenemos a nuestros líderes al orar por ellos (véase D. y C. 107:22).

Para mayor información, véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, capítulo 24; y Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2011, capítulo 6.

“…apoyarán el compromiso que han hecho con el Señor y uno con el otro al levantar la mano, de que todos se proponen apoyar y sostener a estos oficiales en las varias organizaciones… de que… harán todo lo posible por ayudarlos, por beneficiarlos, por bendecirlos y alentarlos en la buena causa en [la] que están embarcados”.

Presidente Joseph F. Smith (1838–1918), Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 235.

Sostenimiento de líderes - sostener a los líderes del sacerdocio

El sostener a los líderes del sacerdocio

El sostener a los líderes del sacerdocio

Con espíritu de oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que se presten para satisfacer las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio, e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

¿De Qué Modo Somos Bendecidas Gracias a Que el Sacerdocio Está en la Tierra?

D. y C. 84:19–21, 36: “Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios. Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad. Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne… porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí”.

Élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Si el poder del sacerdocio no estuviera sobre la tierra, el adversario tendría la libertad de andar errante y reinar sin ninguna restricción. No tendríamos el don del Espíritu Santo para dirigirnos e iluminarnos; ni profetas para hablar en el nombre del Señor, ni templos donde hacer convenios sagrados y eternos; ni autoridad para bendecir y bautizar, para sanar y consolar. Sin el poder del sacerdocio ‘toda la tierra sería totalmente asolada’ (véase D. y C. 2:1–3). No habría luz, ni esperanza, sólo tinieblas” (“Las bendiciones del sacerdocio”, Liahona, enero de 1996, pág. 36).

Mary Ellen W. Smoot, ex presidenta general de la Sociedad de Socorro: “[Reconocemos] las bendiciones del sacerdocio restaurado. Nos alegramos cada vez que se bendice a los bebés, se bautiza a los niños, cuando participamos de la Santa Cena, se nos aparta para un llamamiento en la Iglesia, y observamos a nuestros esposos dar bendiciones de padre. Estamos agradecidas por las bendiciones del sacerdocio que iluminan nuestra senda y nos brindan guía y esperanza” (“Alégrense, hijas de Sión”, Liahona, enero de 2000, pág. 113).

¿Cómo Pueden Nuestros Hechos Sostener a Nuestros Líderes del Sacerdocio?

Presidente Gordon B. Hinckley: “Les testifico que la felicidad de los Santos de los Últimos Días, la paz de los Santos de los Últimos Días, el progreso de los Santos de los Últimos Días, la prosperidad de los Santos de los Últimos Días, y la salvación y exaltación eternas de este pueblo radican en obedecer los consejos del sacerdocio de Dios” (véase “Si quisiereis y oyereis”, Liahona, junio de 1995, pág. 6).

Presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles: “¿Sostienen al obispo, al presidente de la estaca y a las Autoridades Generales de la Iglesia? ¿O se encuentran entre los que se mantienen neutrales o critican, calumnian o se niegan a aceptar llamamientos?” (“Seguid a vuestros líderes”, Liahona, septiembre de 1979, pág. 57).

Élder David B. Haight, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Cuando sostenemos al Presidente de la Iglesia con la mano levantada, no sólo reconocemos ante Dios que él es el poseedor de todas las llaves del sacerdocio, sino que también hacemos convenio con Dios de que obedeceremos la dirección y los consejos que recibamos por medio de Su profeta. Éste es un convenio solemne” (“Las asambleas solemnes”, Liahona, enero de 1995, pág. 16).

D. y C. 108:7: “Por tanto, fortalece a tus hermanos en todas tus conversaciones, en todas tus oraciones, en todas tus exhortaciones y en todos tus hechos”.

Sobre Conexión SUD

Cumplir con nuestro llamamiento sin descuidar nuestras otras miles de obligaciones es posible! Soy Rocio, mamá, diseñadora y blogger SUD. Bienvenidos a Conexión SUD!

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