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Jesucristo es el Hijo de Dios

Jesucristo tiene poder sobre la muerte

Invite a algunos miembros del barrio a ir a la Primaria y a relatar brevemente las siguientes historias como si hubieran sido testigos de los acontecimientos:

Jesús resucita a Lázaro (Juan 11:1–45)

Jesús levanta a Lázaro de la muerte. Muchos creen en Jesús debido a ese milagro. Enseñe entonces a los niños el relato de cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos, según se encuentra en Juan 11:1–46. Muéstreles las láminas en los momentos apropiados. (En “La enseñanza por medio de las Escrituras,” pág. VIII, encontrará varias sugerencias de cómo hacerlo.) Explíqueles que cuando Jesús levantaba a la gente de entre los muertos, realizaba milagros que testificaban que Él era el Hijo de Dios y que tenía poder sobre la muerte. Señale que era una costumbre judía que, cuando alguien moría, los vecinos y amigos se lamentaban junto con los familiares del difunto durante varios días, y que por eso muchos se encontraban acompañando a Marta y a María después de la muerte de Lázaro y pudieron presenciar el gran milagro efectuado por Jesús.

Muestre a los niños la ramita u hoja fresca y la seca. Pídales que hablen acerca de la diferencia que hay entre ambas.

• ¿Hay algo que podamos hacer para que la ramita seca sea como la fresca?

• Ahora que la ramita fresca ha sido cortada de la planta, ¿qué le sucederá?

• ¿Quién tiene el poder para devolverle la vida a algo que está muerto?

Explique a los niños que Jesús tiene el poder para vencer la muerte. Él le devolvió la vida a muchos que habían muerto.

Explique a los niños que Jesús no solamente tiene el poder para revivir a los muertos, como hizo con Lázaro, sino que también tiene un poder aún mucho más importante, el de resucitar a todos a la inmortalidad. Toda persona nacida en la tierra será resucitada. Asimismo, por medio de Su expiación, Jesús tiene el poder para dar la vida eterna a todo aquel que le obedezca y lo siga. Él es para todos nosotros la fuente de la resurrección y la vida eterna.

Haga que los niños se imaginen que son María, Marta, Lázaro y los judíos que estuvieron presentes cuando Jesús levantó a Lázaro de entre los muertos. Pida que uno de ellos los entreviste para que relaten lo acontecido, lo que presenciaron y pensaron cuando vieron a Lázaro salir del sepulcro, así como también lo que sintieron en cuanto a Jesús.

En hojas de papel escriba acontecimientos, como los siguientes, en los cuales alguien haya testificado que Jesucristo es el Hijo de Dios. En otras hojas de papel escriba los pasajes de las Escrituras que describen esos hechos:
Acontecimiento: Nació Jesús.

Escritura: Un ángel dijo: “…os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11).

Acontecimiento: Jesús fue bautizado.

Escritura: Vino una voz de los cielos que decía: “Tú eres mi Hijo amado”; y el Espíritu de Dios descendió en forma de paloma (Marcos 1:9–11).

Acontecimiento: Jesús caminó sobre las aguas.

Escritura: Los discípulos de Jesús en la barca dijeron: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:25–27, 32–33).

Acontecimiento: Jesús sanó a un hombre ciego.

Escritura: “Y [el hombre] dijo: Creo, Señor [que eres el Hijo de Dios]; y le adoró” (Juan 9:32, 35–38).

Acontecimiento: Pedro testificó acerca de Cristo.

Escritura: Cuando Jesús preguntó a Sus discípulos quién decían ellos que era Él, Pedro dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:13–16).

Acontecimiento: José Smith recibió su primera visión.

Escritura: Nuestro Padre Celestial dijo: “Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (José Smith–Historia 1:17).

Coloque las hojas de papel en el suelo o sobre la mesa sin un orden determinado. Pida a uno de los niños que tome dos hojas de papel y trate de coordinar el acontecimiento con el pasaje de Escritura correspondiente. Si ambas hojas de papel no concuerdan, vuelva a colocarlas donde estaban y haga que otro niño tome su turno. Si se coordinan todos las hojas de papel antes de que todos los niños de la clase hayan participado en la actividad, repita el juego de nuevo.

Ayude a los niños a memorizar Juan 11:25.

¿Alguna vez te has preocupado cuando alguien de tu familia estaba enfermo? María y Marta, que eran amigas de Jesús, estaban preocupadas porque su hermano Lázaro estaba muy enfermo. Ellas mandaron a alguien para que se lo dijera a Jesús y fuera a sanar a Lázaro; pero Lázaro murió antes de que Jesús llegara.

Cuando Jesús vio lo tristes que estaban María y Marta, Él lloró por ellas. Entonces le pidió a alguien que moviera la piedra de la entrada de la tumba y mandó a Lázaro que saliera. El espíritu de Lázaro regresó a su cuerpo y salió caminando de la tumba, vistiendo todavía las ropas con las que lo enterraron. La gente estaba asombrada. ¡Jesús tenía poder sobre la muerte! Él en verdad era el Hijo de Dios.

Cada uno de los milagros de Jesús demostró Su gran amor y Su gran poder. Si creemos en Él y seguimos Su ejemplo, ¡viviremos de nuevo con Él!

El nombre hebreo Lázaro significa “Dios es mi ayuda”. Jesús ayudó a Lázaro al traerlo de nuevo a la vida. ¿Cómo te han ayudado a ti y a tu familia el Padre Celestial y Jesucristo?

Hablen en cuanto a cómo se habrían sentido si hubieran visto a Lázaro salir de la tumba. Después lean Juan 11:1–46 juntos y terminen estas frases:

1. Cuando Jesús oyó que Lázaro estaba enfermo…
2. Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro…
3. Marta creía que…
4. Jesús lloró porque…
5. Jesús oró en voz alta al Padre porque…
6. Después de que Lázaro se levantó de los muertos, muchas personas…, pero algunas…
La muerte es parte del plan del Padre Celestial, y a veces nuestros seres queridos están enfermos o mueren. Aunque no se contesten nuestras oraciones como nos gustaría, podemos tener fe en que el Padre Celestial nos ama y sabe qué es lo mejor.

Jesús resucita a la hija de Jairo (Marcos 5:21–24, 35–43)

Un hombre, Jairo, pide a Jesús que vaya a sanar a su hija enferma. La muchacha muere antes de que Jesús llegue, pero Él la levanta de entre los muertos.

Jairo y su esposa se sentaron preocupados junto a la cama de su hija que enfermaba más con cada hora que pasaba, y temían que muriera. Sabían de sólo una cosa que podían hacer para ayudarla.

Jairo salió apresuradamente hacia las calles de Capernaúm para intentar encontrar a Jesús de Nazaret. Jairo sabía que Jesús había sanado a personas; tal vez Jesús iría a su casa y sanaría a su hija.

La gente estaba reunida cerca de la orilla del mar donde Jesús había bajado de una barca. Jairo se abrió camino entre la multitud hasta que llegó junto al Señor; cayó de rodillas y le dijo que su hija estaba enferma y que estaba muriendo.

“Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva”, rogó Jairo.

Jesús accedió, y muchas personas los siguieron.

Un mensajero se apresuró a encontrarlos y le dijo a Jairo que su hija ya había muerto. Era demasiado tarde para que Jesús fuera a ayudar. Jesús le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente”.

Cuando llegaron a la casa de Jairo, había gran llanto y alboroto. Se encontraban allí muchas personas gimiendo de tristeza.

Jesús entró en la casa y les dijo que no lloraran porque la niña no estaba muerta sino que solamente dormía. Algunas de las personas se rieron de Jesús porque sabían que la niña había muerto.

Entonces Jesús mandó a todas las personas ruidosas que se fueran. Llevó a Jairo y a la esposa de éste, junto con Sus apóstoles Pedro, Santiago y Juan, a la habitación donde la niña estaba acostada en la cama.

Jesús tomó a la niña de la mano y dijo: “Muchacha, a ti te digo, levántate”.

La niña se levantó. Sus padres estaban asombrados y se regocijaron; ¡su hija estaba viva!

Hubo otras ocasiones en las que Jesús sanó y bendijo a los niños. Un día, en Perea, había mucha gente reunida alrededor del Salvador escuchándolo enseñar. Algunas personas llevaron a sus hijos para que vieran a Jesús y para que los bendijera.

Los discípulos de Jesús vieron a los niños y trataron de hacer que se fueran. Jesús estaba ocupado con muchas personas y ellos pensaron que los niños no eran importantes; pero Jesús dijo a Sus discípulos: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios”.

Entonces Jesús tomó a cada niño en Sus brazos; colocó las manos sobre la cabeza de cada uno y los bendijo. Jesús dijo a los adultos que debían ser humildes como los niños pequeños.

Jairo era un hombre importante en Capernaúm. Era un principal de la sinagoga a donde todos los judíos de la región iban a adorar.

Cuando alguien moría en los tiempos de Jesús, las familias pagaban a personas para que fueran a sus hogares, lloraran en voz alta y tocaran música triste con flautas. A las personas las enterraban en menos de 24 horas después de que morían.

Jesús resucita al hijo de la viuda (Lucas 7:11–16)

La Resurrección ( Juan 20:1–18)

Jesús resucita de entre los muertos. Se aparece a María Magdalena y a Sus apóstoles como el Señor resucitado.

La hermana Núñez estaba enseñan- do a la clase de Rayitos de Sol. Tenía en las manos una lámina de Jesús que mostraba Sus heridas después de haber resucitado.

“¿Está diciendo que volvió a vivir después de haber muerto?”, preguntó Alicia.

José exclamó: “¡Sí, es cierto! ¡Y también nosotros vol- veremos a vivir!”.

¿Cómo sabía el pequeño José, de tan sólo 3 años, que Jesús había vuelto a la vida? ¿Cómo sabía que también él volvería a vivir?

Cada semana, José prestaba atención a las lecciones de la hermana Núñez, donde ella enseñaba sobre Jesús
y compartía su testimonio. José atendía a sus padres du- rante la noche de hogar y en otros momentos, y también ellos le enseñaban sobre Jesús y daban testimonio de Él. El sentimiento que había en el corazón de José le decía que creyera las palabras de su maestra y de sus padres.
Tras haber resucitado, Jesús se mostró a Sus discípu- los, pero Tomás no estaba con ellos. Los demás discípulos le dijeron a Tomás que habían visto a Jesús; sin embargo, Tomás dijo: “…Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y me- tiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).

Ocho días más tarde, Jesús se mostró a Tomás y le permitió tocar las marcas de los clavos en Sus manos y la herida de Su costado. Entonces Jesús dijo: “…Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Al igual que José, podemos creer en Jesús aunque no lo veamos. Nuestra fe aumentará al saber, sin ver, que Jesús es nuestro Salvador.

Imágenes para Relatar la Resurrección de Jesucristo

Los miembros del barrio podrían vestir disfraces sencillos, tales como un pañuelo para la cabeza o una túnica. Anímelos a testificar que Jesucristo tiene poder sobre la muerte y que cada uno de nosotros resucitará.

El presidente Monson testifica que Jesucristo ha vencido a la muerte.

Hace unos cuantos años los periódicos de Salt Lake City publicaron la noticia del fallecimiento de una buena amiga a quien la muerte se llevó en la flor de la vida. Acudí a la funeraria y me sumé a la multitud de personas allí reunidas para expresar sus condolencias al esposo y a los hijos, huérfanos de madre. De repente, la niña más pequeña, Kelly, me reconoció, me tomó de la mano y me dijo: “Ven conmigo”. Me condujo hasta el ataúd donde descansaba el cuerpo de su adorada madre. “Yo no lloro”, dijo, “y tampoco debes hacerlo tú. Mi mamá me habló muchas veces sobre la muerte y la vida con nuestro Padre Celestial. Yo les pertenezco a ella y a papá, y todos volveremos a estar juntos”. Recordé entonces las palabras del salmista: “De la boca de los niños… fundaste la for- taleza” (Salmos 8:2).

A través de mis propias lágrimas, pude ver la hermosa y confiada sonrisa de mi amiguita. Para ella, cuya pequeña mano seguía en la mía, jamás habrá un amanecer sin esperanza. Sostenidos por un testimonio inquebrantable, con la seguridad de que la vida continúa más allá de la tumba ella, su padre, sus hermanos y  todos aquellos que comparten el conocimiento de esta divina verdad pueden ciertamente declarar al mundo: “…Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).

Con toda la fuerza de mi alma, testifico que Dios vive, que Su Amado Hijo es las primicias de la resurrección y que el Evangelio de Jesucristo es la luz radiante que hace de cada amanecer sin esperanza una mañana gozosa.

  • No hay nada malo en llorar cuando fallece un ser querido. De hecho, puede ser beneficioso. Pero Kelly no tenía el deseo de llorar. ¿Por qué?
  • ¿Por qué crees que la mamá de Kelly le habló a menudo sobre la vida después de la muerte?
  • ¿Por qué es Jesús las primicias de la resurrección (véase 1 Corintios 15:23; 2 Nefi 2:8–9)?

Actividades sobre la Resurrección de Jesucristo

Resurrección de Jesucristo

Sobre Conexión SUD

Cumplir con nuestro llamamiento sin descuidar nuestras otras miles de obligaciones es posible! Soy Rocio, mamá, diseñadora y blogger SUD. Bienvenidos a Conexión SUD!

Lo que sí encontrarás, serán muchas otras ideas para magnificar tu llamamiento!

Establecer tradiciones de Pascua de Resurrección centradas en Cristo

Durante la Pascua de Resurrección celebramos la dádiva de nuestro Salvador: la Expiación. La expiación de Jesucristo, que incluye la Resurrección, es la esencia misma de la Pascua de Resurrección. Establecer tradiciones centradas en Cristo nos servirá para concentrarnos en estas dádivas de nuestro Salvador.

2 comentarios

  1. Laura wintringham

    Gracias por demostrar su grande amor, por medio de estas paginas, que nos ayudan para continuar dando nuestro amor a los niños que Nuestro Padre nos ha encargado.

  2. MARIA DEL CARMEN SANTOS

    Hermoso .

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