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Expiación de Jesucristo - Conexión SUD

“Esta es la vida eterna”

Objetivo: Instar a los miembros de la clase a ser receptivos a la influencia del Espíritu Santo y a acercarse más a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo.


 

Actividad para despertar el interés

Si lo desea, utilice la siguiente actividad (o una de su preferencia) para comenzar la lección. Escoja la actividad que sea más apropiada para su clase.

Muestre las dos cajas envueltas para regalo (o dibújelas en la pizarra). Explique a los miembros de la clase que un don es un regalo, y pídales que hablen brevemente de los dones o regalos que les gustaría recibir.

Explique que una de las cajas que les ha mostrado representa uno de los máximos dones o regalos que podemos recibir en esta vida. La otra representa lo que el Señor ha llamado “el mayor de todos los dones de Dios” (D. y C. 14:7).

Explique que en esta lección los miembros de la clase descubrirán cuáles son esos dos dones o regalos y aprenderán lo que tienen que hacer para recibirlos.

 

1. Jesús promete a Sus apóstoles que recibirán el don del Espíritu Santo.

Analicen Juan 16:1–15. Pida a algunos miembros de la clase que lean en voz alta los pasajes que usted haya seleccionado.

Pregunte a los alumnos: ¿Cuál fue la experiencia más aterradora que tuvieron de pequeños? Pida a unos pocos alumnos que hablen sobre ellas y después pregúnteles: ¿Hubo algo que los consoló o les brindó paz después de haber pasado por esa experiencia?

Pida a los alumnos que lean Juan 14:15–26 y que se fijen en las promesas de consuelo que el Salvador dio a Sus discípulos. Pregunte:

  • ¿Por qué necesitaban consuelo los discípulos?
  • ¿Cuándo necesitamos a un consolador especial como lo es el Espíritu Santo?

¿Quién tiene derecho a recibir el Espíritu Santo?

Explique que al Espíritu Santo en ocasiones se le llama el Primer Consolador. Pida a los alumnos que lean Juan 14:18–21, 23.

  • De acuerdo con esos versículos, ¿quién sería llamado el Segundo Consolador? (Cristo.)
  • ¿Quién recibe la promesa del Segundo Consolador? (Quienes guarden los mandamientos del Señor y le amen; véanse los vers. 21, 23.)

Lean Doctrina y Convenios 93:1 y explique que el Segundo Consolador está a disposición de todos los Santos, pero que la bendición la recibiremos una vez que hayamos probado ser fieles a toda costa. Utilice todas las citas siguientes, o partes de ellas, para enseñar a sus alumnos sobre los dos Consoladores.

Refiriéndose al contenido de Juan 14:15–26, el élder Bruce R. McConkie escribió:

“Estas declaraciones acerca de los dos Consoladores son la culminación y la coronación de las enseñanzas del Hijo de Dios. No tenemos registro de algo que Él haya dicho que pueda descorrer tan completamente [como estas palabras] la cortina de la eternidad y abrir para los fieles una visión de las glorias de Dios. Jesús promete a los santos que ellos pueden tener, aquí y ahora en esta vida, basado en el amor, nacido de su obediencia, lo siguiente:
“(1) El don y la compañía constante del Espíritu Santo; el consuelo y la paz, los cuales ese Espíritu Santo tienen la función de conferir; la revelación y el poder santificador que en sí prepararán a los hombres para la compañía de los dioses y de los ángeles en el más allá.
“(2) Visitaciones personales del Segundo Consolador, del Señor Jesucristo mismo, el Ser resucitado y perfecto que mora con Su Padre en las mansiones de lo alto; y
“(3) Dios el Padre… visitará al hombre en persona, morará con él, por así decirlo, y le revelará todos los misterios escondidos de Su reino”

El profeta José Smith habló de los dos Consoladores de esta manera:

“Se habla de dos Consoladores. Uno es el Espíritu Santo, el mismo que se dio el día de Pentecostés y que todos los miembros reciben después de la fe, el arrepentimiento y el bautismo. Este primer Consolador o Espíritu Santo no surte más efecto que el de la inteligencia pura. Tiene mayor potencia para ensanchar la mente, iluminar el entendimiento y henchir de conocimiento actual el intelecto…
“El otro Consolador de que se habla es un tema de mucho interés, y quizá muy pocos de los de esta generación lo entienden. Después que una persona tiene fe en Cristo, se arrepiente de sus pecados, se bautiza para la remisión de ellos y recibe el Espíritu Santo (por la imposición de manos), que es el primer Consolador, entonces si continúa humillándose ante Dios, teniendo hambre y sed de justicia y viviendo de acuerdo con todas las palabras de Dios, el Señor le dirá dentro de poco: ‘Hijo, serás exaltado’. Cuando el Señor lo haya probado en todas las cosas, y haya visto que aquel hombre está resuelto a servirlo, pase lo que pase, ese hombre verá que su vocación y elección han sido confirmadas, y entonces será suyo el privilegio de recibir el otro Consolador que el Señor ha prometido a los santos, según se halla escrito en el testimonio de S. Juan, capítulo 14, desde el versículo 12 hasta el 27.
“Nótense los versículos 16, 17, 18, 21, 23…
“¿Qué, pues, es este otro Consolador? No es nada más ni menos que el Señor Jesucristo mismo; y ésta es la substancia de todo el asunto: que cuando un hombre recibiere este último Consolador, tendrá la persona de Jesucristo para atenderlo o aparecerle de cuando en cuando, y aun le manifestará al Padre, y harán morada con él, y le serán descubiertas las visiones de los cielos, y el Señor lo instruirá cara a cara y podrá alcanzar un conocimiento perfecto de los misterios del reino de Dios; y ésta es la dignidad y posición que alcanzaron los antiguos santos cuando vieron tan gloriosas visiones: Isaías, Ezequiel, Juan en la isla de Patmos, San Pablo en los tres cielos, y todos los santos que han tenido comunión con la asamblea general y la Iglesia del Primogénito” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 177–179).

Recuerde a los alumnos que debemos prepararnos para recibir al Segundo Consolador, pero que Cristo se revelará “en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad” (D. y C. 88:68). Debemos concentrarnos en recibir y prestar atención al primer Consolador, ya que Él está a la disposición de cada uno de nosotros ahora.
Pida a los alumnos que lean Juan 14:26 y Juan 16:7–14 y que se fijen en las ayudas que se nos brindan por medio del don del Espíritu Santo. Anótelas en la pizarra y analícenlas.
Pregunte: ¿Tenemos que sentirnos solos o abandonados en nuestra búsqueda de la felicidad y de la vida eterna? Dé testimonio de la paz, del regocijo y del consuelo que se reciben por medio del Espíritu Santo.

 

Cómo puedo recibir revelación personal - Ven Sígueme Mayo - Conexión SUD

• Durante el ministerio mortal de Jesús, los Doce Apóstoles recibieron manifestaciones del Espíritu Santo, pero no fue sino hasta después de la muerte y resurrección de Cristo que recibieron el don del Espíritu Santo (Juan 20:22). ¿Qué diferencia existe entre una manifestación del Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo? (Véase la cita que se halla a continuación.) ¿De qué manera le ha ayudado el recibir el don del Espíritu Santo?

El élder Dallin H. Oaks enseñó:

“…las manifestaciones del Espíritu Santo se dan para guiar a los que buscan con sinceridad las verdades del Evangelio que les persuadirán a arrepentirse y a bautizarse. El don del Espíritu Santo es más extenso… incluye el derecho a tener Su compañía constante, para que siempre podamos ‘…tener su Espíritu con [nosotros]’ (D. y C. 20:77).

“Una hermana recién bautizada me comentó lo que sintió cuando recibió ese don. Ella era una fiel mujer cristiana que había pasado toda su vida al servicio de los demás; conocía y amaba al Señor y había sentido las manifestaciones de Su Espíritu. Cuando recibió la luz adicional del Evangelio restaurado, se bautizó y los élderes impusieron las manos sobre su cabeza y le confirieron el don del Espíritu Santo. Ella recordó: ‘Sentí la influencia del Espíritu Santo descender sobre mí con una intensidad que jamás había sentido. Fue como un viejo amigo que me había guiado en el pasado pero que ahora venía para quedarse’” (Liahona, enero de 1997, pág. 67).

Si utilizó la actividad para despertar el interés, coloque en el exterior de una de las cajas de regalo la tira de palabras que dice Don del Espíritu Santo.

• Después de recibir el don del Espíritu Santo, ¿cómo podemos hacernos dignos de su compañía constante? (Véase Hechos 5:32; D. y C. 6:14; 20:77, 79; 76:116; 121:45–46.) ¿Cómo podemos reconocer la influencia del Espíritu Santo? (Véase Gálatas 5:22–23; D. y C. 6:15, 23; 11:13.)

El presidente Boyd K. Packer enseñó: “El Espíritu Santo se comunica con una voz que se siente más de lo que se oye. Se le ha descrito como una voz suave y apacible. Aunque decimos que ‘escuchamos’ los susurros del Espíritu, por lo general describimos una inspiración espiritual diciendo: ‘Tuve una impresión…’ La revelación se recibe en palabras que sentimos, más bien que oímos” (Liahona, enero de 1995, pág. 69).

En un sueño que tuvo el presidente Brigham Young, el profeta José Smith le instruyó que enseñara a los santos que “El Espíritu del Señor… les susurrará paz y gozo a su alma; quitará la malicia, el odio, la contención y todo mal de su corazón; y todo su deseo será hacer lo bueno, establecer la rectitud y edificar el reino de Dios” (Citado en Liahona, julio de 1989, pág. 42; véase también Manuscript History of Brigham Young, 1846–1847, comp. por Elden J. Watson, 1971, pág. 529).

2. Jesús predice Su muerte y Su resurrección.

Lean y analicen los versículos de Juan 16:16–33 que usted haya seleccionado.

• Después que Jesús enseñó a los apóstoles acerca del Espíritu Santo, les dijo que pronto moriría y resucitaría (Juan 16:16–20), y después les dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz” (Juan 16:33). ¿Qué piensan que significa tener paz en Él? ¿Qué podemos aprender de las enseñanzas de Jesús contenidas en el capítulo 16 de Juan que nos ayuden a tener paz en Él? (Véase también Filipenses 4:7–9; D. y C. 59:23.)

• Jesús dijo a Sus apóstoles: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). ¿Cómo puede el conocimiento de que Jesús ha vencido al mundo ayudarnos a tener confianza cuando nos veamos ante la tribulación? ¿Por qué es importante tener confianza?

3. Jesús ofrece la gran oración intercesora.

Lean y analicen el capítulo 17 de Juan, el cual contiene una oración que ofreció Jesús poco antes de padecer en el Jardín de Getsemaní y en la cruz. A menudo se le llama la gran oración intercesora porque al orar, Jesús intercedió por nuestra salvación ante nuestro Padre Celestial. Invoque la guía del Espíritu al seleccionar los versículos que leerán y analizarán.

• Al comenzar Su oración, ¿cómo describió Jesús Su misión sobre la tierra? (Véase Juan 17:1–2; véase también Moisés 1:39.) ¿Cómo logró esa misión?

• Lean Juan 17:3 y pregunte: ¿Qué diferencia hay entre conocer al Padre Celestial y a Jesucristo y saber acerca de Ellos? Lean 1 Juan 4:7–8; Mosíah 5:13; y Doctrina y Convenios 132:21–24 y analicen qué podemos hacer para llegar a conocer mejor al Padre y al Hijo.

Para ayudar a los alumnos a memorizar Juan 17:3, escriba el pasaje en la pizarra y pídales que lo repitan. Una vez que lo hayan repetido varias veces, borre un par de palabras clave y pídales que vuelvan a recitarlo. Siga haciendo lo mismo hasta que todos los alumnos puedan recitar el pasaje completo de memoria sin ninguna ayuda escrita en la pizarra.

Si utilizó la actividad para despertar el interés, coloque en el exterior de la segunda caja la tira de palabras que dice Vida Eterna. Pida a un miembro de la clase que lea Doctrina y Convenios 14:7.

• En la primera parte de Su oración, Jesús describió lo que había hecho para cumplir Su misión (Juan 17:4–8). ¿Cómo damos nosotros un informe a nuestro Padre Celestial? ¿Cómo afectaría nuestros hechos si todas las noches incluyéramos en nuestras oraciones un informe de nuestro esfuerzo por servirle a Él durante el día?

• Aunque Jesús sabía que en poco tiempo iba a sufrir intensamente, ¿por quién oró? (Véase Juan 17:6–9, 20.) ¿Qué podemos aprender de esto?

• ¿Cómo podemos nosotros, al igual que Jesús y Sus apóstoles, vivir en el mundo y “no [ser] del mundo? (Juan 17.14; véanse también los versículos 15–16).

El élder M. Russell Ballard dijo:

“En la Iglesia a menudo decimos: ‘Debemos estar en el mundo pero no ser del mundo’. Cuando vemos programas de televisión que muestran profanidades, violencia e infidelidad como algo común y hasta atractivo, quisiéramos de alguna manera cerrar la puerta al mundo y aislar a nuestras familias de todo eso…

“Quizás debamos repetir la frase que mencioné anteriormente como dos advertencias separadas: Primero, ‘Estén en el mundo’. Participen: manténganse informados. Traten de entender y tolerar y apreciar a las diferentes personas. Hagan contribuciones significativas a la sociedad por medio del servicio y la participación. Segundo, ‘No sean del mundo’. No sigan las sendas erradas ni se dobleguen para adaptarse o aceptar lo que no está bien.

“Debemos esforzarnos por cambiar las tendencias corruptas e inmorales de la televisión y de la sociedad manteniendo aquello que ofende y envilece fuera de nuestros hogares. A pesar de toda la iniquidad que hay en el mundo y a pesar de toda la oposición a lo que es bueno, que encontramos por todas partes, no debemos tratar de apartarnos ni de apartar a nuestros hijos del mundo. Jesús dijo: ‘El reino de los cielos es semejante a la levadura” (Mateo 13:33). Es nuestro deber mejorar el mundo y ayudar a todos a levantarse por encima de la iniquidad que nos rodea. El Salvador oró al Padre diciéndole:

“‘No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal’ (Juan 17:15)” (véase Liahona, julio de 1989, págs.95–96).

• ¿En qué sentido son “uno” nuestro Padre Celestial y Jesucristo, como se declara en Juan 17:21–22?

Hablando de nuestro Padre Celestial, de Jesucristo y del Espíritu Santo, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Ellos son seres individuales, pero son uno en propósito y en obra. Están unidos a fin de llevar a cabo el grandioso y divino plan para la salvación y exaltación de los hijos de Dios… Esta perfecta unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es lo que liga a estos tres personajes en la unidad de la divina Trinidad” (Liahona, enero de 1987, pág. 54).

• ¿Por qué era importante que los apóstoles fueran uno? (Véase Juan 17:22–23.) ¿Por qué necesitamos tener unidad con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo, con los demás miembros de la Iglesia y con nuestra familia? ¿Cómo podemos ayudar a incrementar la unidad en esas relaciones? (Véase Juan 17:26; Mosíah 18:21; D. y C. 35:2.)

Conclusión

Pida a los miembros de la clase que piensen en lo que sienten cuando saben que alguien ora por ellos. Pídales que mediten en cuanto a lo que podrían haber sentido de haber estado con Jesús cuando Él ofreció la oración intercesora. Explique que esa oración puede ayudarnos a apreciar el precioso don de la vida eterna que nos ofrece el Salvador. Testifique que seremos bendecidos al esforzarnos por seguir las indicaciones del Espíritu Santo y al tratar de ser uno con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo.

 

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