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Profeta Thomas S. Monson Seguir al Profeta - El Profeta Viviente

El seguir al profeta nos provee un camino seguro

Muestre una lámina de Moisés y explique que él fue un profeta que llevó a su pueblo a un lugar seguro. Explique que los israelitas estaban cautivos bajo Faraón, el rey de Egipto, y que el Señor le dijo a Moisés que los sacara de Egipto (véase Éxodo 3:10). Relate la historia de Éxodo 14 e invite a los niños a actuarla junto con usted. Por ejemplo: “El pueblo siguió a Moisés por el desierto (caminar en su lugar). Llegaron al mar (hacer olas con los brazos). La gente volteó hacia atrás (ver hacia atrás) y vio a Faraón y a su ejército que los seguían (golpear las piernas con las manos haciendo el ruido de caballos que galopan). Tuvieron miedo (demostrar miedo)”. Lean Éxodo 14:13 y luego continúe con la historia. “El Señor le dijo a Moisés que levantara su vara (hacer de cuenta que levantan una vara), y el mar se dividió (extender los brazos). El pueblo siguió a Moisés y llegó sin novedad al otro lado del mar después de haberlo atravesado caminando por tierra seca (caminar en su lugar). Cuando el ejército de Faraón trató de seguirlos, el Señor le dijo a Moisés que extendiera la mano, y las aguas se juntaron nuevamente (juntar los brazos). El ejército de Faraón se ahogó en el mar. La gente estuvo a salvo porque siguió al profeta”.

El profeta Moises separa las aguas

Cristina vio al presidente Thomas S. Monson en la pantalla de su centro de estaca durante la conferencia general. Él estaba hablando en cuanto a ser bondadosos con los demás. Cristina tuvo un sentimiento cálido al escuchar; sabía que el presidente Monson era un profeta de Dios. Pensó en cuanto a Leah, una niña de la escuela que era mala con ella. Decidió que sería buena con Leah e intentaría ser su amiga. Cristina quería seguir las enseñanzas del profeta.

Antes de que Jesucristo fuera crucificado, llamó al apóstol Pedro para que dirigiera Su Iglesia. Pedro recibió revelación para la Iglesia y guió al pueblo de Cristo por caminos correctos. Hoy en día, el presidente Thomas S. Monson dirige la Iglesia, tal y como lo hizo Pedro.

Escucha con atención cuando habla el profeta; sus enseñanzas te pueden ayudar con los problemas y desafíos que tengas. Él siempre te guiará por caminos correctos y serás bendecido cuando lo sigas.

Invite a tres o cuatro miembros del barrio a participar en una deliberación de mesa redonda (véase La enseñanza: el llamamiento más importante, pág. 186), en cuanto a los profetas que hayan influido en ellos. De antemano, déles ejemplos de las preguntas que les hará, como por ejemplo: ¿Cuál profeta de las Escrituras les sirve de inspiración? ¿Qué les enseña ese profeta? En la vida de ustedes, ¿cuáles fueron algunos de los profetas de los últimos días? Relate alguna experiencia que haya tenido al escuchar a uno de esos profetas y llegar a saber lo que nuestro Padre Celestial deseaba que usted hiciera. Mencione alguna cosa que el profeta nos haya pedido hacer durante la última conferencia general. Deje tiempo al final de la deliberación para que los niños hagan preguntas o hablen acerca de los sentimientos o de las experiencias que hayan tenido con su familia al seguir al profeta. Testifique que usted sabe que el profeta habla en nombre del Señor.

Coloque en la pizarra el póster Mis Normas del Evangelio. De la revista Liahona, donde aparecen los discursos de la última conferencia general, elija cuatro discursos pronunciados por el profeta o los apóstoles. Diga el nombre del discursante, muestre su fotografía y enseñe los principios de dichos discursos. Pida a los niños que, si es posible, hagan coincidir el principio a uno de los que se encuentran en Mis Normas del Evangelio. Haga que los niños se vayan pasando una pelota pequeña a medida que canten un himno o una canción acerca de los profetas; de vez en cuando detenga la música y pida al niño o a la niña que tenga la pelota que mencione algo que puede hacer para vivir los principios que se enseñan en los discursos de la conferencia. Aliente a los niños a escuchar la conferencia general.

Profeta Thomas S. Monson

Muestre una lámina del profeta actual y explique que un profeta nos guía en la actualidad y que seremos bendecidos a medida que lo escuchemos y lo sigamos. Canten “Obediencia” (CN, pág. 71), cambiando la primera línea a “Si el profeta dice”. Dé a conocer indicaciones y consejos que el profeta haya dado en la conferencia general más reciente. Pida a algunos de los niños que compartan la forma en que seguir ese consejo bendecirá a su familia.

Lea en voz alta D. y C. 1:38. Lean juntos y dramaticen (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 188–189) el relato de Josué 6:6–16, 20. Necesitará niños que representen a Josué, los siete sacerdotes (con hojas de papel enrollado que representen los cuernos de los carneros) y los hijos de Israel. En vez de gritar, canten una canción o un himno mientras los niños están de pie para representar el muro de Jericó. Luego pídales que se sienten para representar la caída del muro. Ofrezca una lectura en conjunto (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 198). Pida a “Josué” que diga: “…escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). Pida a todos que contesten con una lectu- ra en conjunto de Josué 24:24 y testifique que las familias se fortalecerán al servir al Señor.

Cree un laberinto titulado “Sigue al profeta” utilizando la lección 8 del manual Primaria 3. Amplíe cada imagen del laberinto en una hoja de papel separada. Coloque la figura del niño en la parte superior izquierda de la pizarra y la imagen que representa al Salvador en la parte inferior derecha. Coloque las demás imágenes alrededor del salón. En hojas de papel separadas, escriba las frases que correspondan a cada imagen, las cuales se utilizarán como pistas.

 

Canten la estrofa 9 de “Sigue al Profeta” (Canciones para los niños, pág. 58), y pida a los niños que presten atención a lo que podemos lograr si seguimos al profeta. Enséñeles que el profeta nos guía a lo largo de nuestro camino. Si le seguimos, podremos volver a vivir con nuestro Padre Celestial y Jesucristo.

Pida a un niño que escoja una pista. Pida a su clase o a su maestra que represente la pista con mímica para que los niños la adivinen. Cuando el niño dé la respuesta correcta, pídale que encuentre la imagen correspondiente alrededor del salón. Colóquela en la pizarra, entre la figura del niño y la imagen del Salvador. Canten el estribillo de “Sigue al Profeta” cada vez que coloque una imagen en la pizarra. Sigan haciendo la representación de las pistas y coloquen las imágenes en la pizarra hasta que las hayan adivinado todas. Comparta su testimonio de las bendiciones que recibimos por seguir al profeta.

Para los niños más mayores: Escoja pasajes de las Escrituras relacionados con las pistas y escriba una referencia en cada pista. Pida a los niños que busquen la referencia y lean el pasaje antes de representar la pista mediante mímica.

 

Cuando George Albert Smith (1870–1951) era Presidente de la Iglesia, enseñó a los miembros de ella a donar trabajo, alimentos, ropa y dar de comer a los demás. Tras la Segunda Guerra Mundial, los habitantes de Europa se morían de hambre, por lo que el presidente Smith fue a ver al presidente de los Estados Unidos a fin de pedirle ayuda para enviar comida y ropa a esa gente. Debido a que los miembros de la Iglesia habían producido alimentos y habían donado ropa bajo el programa de bienestar, la Iglesia tenía suficiente para ayudar a los necesitados. El gobierno de los Estados Unidos estuvo de acuerdo en enviar comida y ropa, lo cual ayudó a mucha gente de Europa.

Los miembros de la Iglesia siguieron al profeta, y de buena gana donaron trabajo, comida y ropa. Cuando llegó el tiempo de gran necesidad, la Iglesia estuvo preparada para ayudar. Muchas personas de Europa fueron bendecidas porque los miembros de la Iglesia siguieron al profeta.

Somos bendecidos por tener un profeta viviente; nuestro profeta nos enseña a vestir de forma modesta, a leer, a ver y a escuchar únicamente las cosas que le son agradables a nuestro Padre Celestial. Cuando hacemos esas cosas, somos protegidos de las muchas cosas malas del mundo. Nuestro profeta nos enseña a ser amigables y bondadosos con todos. Jesús nos dice que cuando somos buenos y servimos a los demás, lo estamos sirviendo a Él. El profeta nos alienta a leer las Escrituras, porque en ellas aprendemos acerca de nuestro Padre Celestial y de Jesús. Aprendemos que si guardamos los mandamientos, seremos bendecidos. El profeta nos enseña lo que nuestro Padre Celestial desea que hagamos. Si seguimos al profeta, nuestro Padre Celestial nos bendecirá.

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2 comentarios

  1. monica beatriz montañez

    buenisimo todo.

  2. Lourdes Nocheuena

    ESTA SEMANA PARA MI HA SIDO CON MUCHA CARGA DE TRABAJO Y ESTO QUE USTEDES COMPARTEN ME AYUDA A RETOCAR LA CLASE QUE DARÉ ESTE DOMINGO, GRACIAS, QUE DIOS LES BENDIGA

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