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Un Hogar centrado en Cristo - Conexión SUD

¿Cómo me puedo preparar para establecer un hogar centrado en Cristo?

La edificación del reino de Dios comienza por edificar un hogar y una familia recta. La familia es la unidad más importante de la Iglesia. Como miembros de la Iglesia, debemos establecer un hogar donde el Espíritu esté presente. Un hogar centrado en Cristo ofrece un lugar de protección contra el pecado, un refugio del mundo y un amor comprometido y real. Ya sea grande o pequeño, tu hogar puede ser una “casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios” (D. y C. 88:119).

  • ¿Qué hace usted para hacer de su hogar una defensa contra el pecado y un refugio del mundo? ¿Qué hace para enseñar el Evangelio a sus hijos y a su familia?
  • Piense en los hogares en los que viven las jovencitas. ¿Qué experiencias están teniendo ahora que les ayudarán a criar a sus propias familias?

Hogar centrado en Cristo

– Reparta las hojas de papel y los lápices, y pida a las alumnas de la clase que anoten los números del 1 al 8, formando una columna, en el lado izquierdo de la hoja. Luego pídales que escriban, con una o dos palabras, lo primero que les venga a la mente cuando usted lea cada una de las palabras que figuran en la siguiente lista:

1. Hogar.
2. Sonrisa.
3. Desordenado.
4. Templo.
5. Dormitorio (recámara).
6. Obscuro.
7. Música.
8. Padres.

Pida a las jovencitas que comparen lo que hayan escrito; en seguida, haga las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles de esas palabras les ha despertado un buen sentimiento? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles de esas palabras les ha despertado un mal sentimiento? ¿Por qué?
  • Al igual que esas palabras, ¿por qué el ambiente que nos rodea despierta en nosotros sentimientos y estados de ánimo?

 

–  Lea la siguiente declaración del presidente David O. McKay: “La espiritualidad consiste en adquirir conciencia de la victoria sobre el yo y en estar en comunión con Dios” (en “Conference Report”, abril de 1949, pág. 17). Explique que, si deseamos mejorar el grado de espiritualidad en nuestro hogar, debemos tener control sobre nuestras emociones y adquirir buenos hábitos.

 

–  Pida a las jovencitas de la clase que anoten un hábito o una actitud que tengan y que no promueva la espiritualidad en el hogar de ellas. Déles el cometido de esforzarse por cambiar esa mala costumbre o actitud negativa para promover la espiritualidad en el hogar. Explique que les resultará más fácil lograrlo si ayudan a mantener la casa limpia y ordenada a fin de que el ambiente invite la presencia del Espíritu del Señor. Si comienzan ahora y buscan la ayuda del Señor, ellas serán más espirituales a pesar de lo que hagan los otros miembros de la familia. Pida a las jovencitas que escriban otras cosas específicas que ellas puedan hacer ahora para aumentar la espiritualidad en el hogar.

 

– Entregue a cada alumna un trozo de cordel; pídales que traten de romperlo y que, para ello, utilicen el método que ellas deseen, excepto el de cortarlo. Luego demuéstreles que se puede romper deshilachándolo hebra por hebra. Explique que la familia tiene las mismas características que el cordel. Es fuerte cuando todos sus miembros cooperan los unos con los otros y están unidos en un propósito común y, al igual que el cordel, no se puede romper con facilidad. Pero cuando no reina la armonía entre los miembros de la familia, ésta se debilita, como el cordel, y puede quebrarse muy fácilmente. Cada uno de los miembros de la familia se beneficia cuando todos ellos cooperan y se apoyan entre sí.

 

– Explique que cuando nos bautizamos hacemos convenio de estar “dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”, a “llorar con los que lloran”, a “consolar a los que necesitan de consuelo” (véase Mosíah 18:8–9). ¿Cómo podemos poner en práctica este convenio en nuestro núcleo familiar? Lea la siguiente cita para darles algunas ideas:

“Yo les sugeriría que dieran más de sí mismas… Podrían hacer algo tan sencillo como sonreír un poco más cuando estén en su casa.

“¿Y qué les parece la idea de hablar con más entusiasmo? ¿Y el tratar de usar con más frecuencia las palabras por favor y gracias?

“¿Qué piensan acerca de buscar todos los días la oportunidad de hacer un elogio a cada miembro de la familia y ver cómo reaccionan?

“¿Y por qué no, esta noche, a la hora de la cena, tener una actitud alegre y positiva y, sin tener en cuenta lo que los demás digan o hagan, continuar con esa actitud?” (H. Burke Peterson, en “Conference Report”, oct. de 1972, págs. 148–149; Ensign, enero de 1973, pág. 115.)

 

– Lea la siguiente cita del presidente Spencer W. Kimball:

“No importa lo que lean u oigan, cuáles sean las diferencias en las circunstancias que observen en la vida de las mujeres que las rodean, es totalmente indispensable que ustedes, las mujeres miembros de la Iglesia, comprendan que el Señor considera a la mujer y la maternidad como algo realmente sagrado y de grandioso valor; Él les ha confiado a sus hijas la gran responsabilidad de traer hijos al mundo y darles amor y cuidado a lo largo de la vida.

“Ésta es la obra grande e irreemplazable de la mujer. La vida no tendría continuidad si la mujer cesara de traer hijos al mundo. La vida mortal es un privilegio y un paso necesario en el progreso eterno. Nuestra primera madre, Eva, lo comprendió de esa forma y ustedes también deben comprenderlo …

“Mucho se ha dicho ya acerca de lo pesado y confinado del trabajo de la mujer en el hogar; pero mirando desde el punto de vista del evangelio, no es así. En cada nueva vida se manifiesta un aspecto divino. La creación del medio ambiente adecuado en el que pueda crecer y desarrollarse cada niño es un desafío y una labor de proporciones magistrales. El hombre y la mujer trabajan juntos para formar una familia que pueda seguir unida por toda la eternidad” (véase “Privilegios y responsabilidades de la mujer de la Iglesia”, Liahona, febrero de 1979, pág. 146).

  • ¿Qué pensaba el presidente Kimball sobre el papel de la mujer en el hogar?
  • ¿Cómo puede prepararse una jovencita para crear un ambiente en el hogar que sea propicio para que el Señor more en él?

–  Lea la siguiente cita:

“Durante nuestra permanencia en Holanda, nos llamó poderosamente la atención el hecho de que las casas de ese pequeño país tienen características notables. El antepecho de las ventanas de esas casas de ladrillos y techos rojos está siempre lleno de macetas de flores, por lo general, geranios. Las ventanas son grandes y nunca las cubren con cortinas ni persianas; los destellos con que relucen añaden encanto al brillo de la personalidad de la vivienda. Muchas casas tienen nombre. Encima de la puerta se ven nombres como: Rincón Soleado, Rayo de Sol, Cabaña del Sol, Refugio de Paz, Tranquilidad, Rincón Pacífico … La calidez, el esplendor del sol y un ambiente agradable, unidos a la paz, la tranquilidad y la satisfacción son las cosas que hacen que una casa sea realmente un hogar” (Daryl V. Hoole, The Art of Homemaking, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1967, págs. 117–118).

Pida a las alumnas que expresen qué sienten al ver una casa limpia y ordenada. Algunas de las jóvenes podrían recordar alguna casa en particular que les haya hecho experimentar sentimientos parecidos a los que se refirió la hermana Hoole en la descripción anterior; invítelas a hablar de ello ante la clase.

 

– Enseñe la lámina de un templo y pida a las jóvenes que le digan lo que más les impresiona de la apariencia del templo. Es probable que algunas de ellas hayan visitado un templo o los jardines de uno de ellos. Si fuera así, pregúnteles qué las impresionó más. Pregunte a la clase por qué la Iglesia conserva nuestros templos limpios y hermosos. Indique a las jovencitas que busquen y lean Doctrina y Convenios 132:8. Luego someta a análisis las preguntas que siguen:

  • ¿Por qué requiere el Señor que Su casa sea una casa de orden?
  • ¿Por qué la belleza y la limpieza hacen destacar el orden en la casa del Señor?
  • ¿Cómo creen ustedes que podríamos aplicar a nuestra casa las instrucciones del Señor con respecto al orden del mismo modo que se aplica a los templos?

Pida a las alumnas que lean Moisés 3:15, Doctrina y Convenios 90:18 y Doctrina y Convenios 42:41. Analicen lo que nos enseñan esos pasajes de las Escrituras en relación al orden y la limpieza tanto en el interior como en el exterior de la casa. Explique que en los cielos el orden es fundamental, ya que de no ser así, reinaría el caos. En nuestra casa, el orden también es fundamental.

 

– Explique que para que nuestra casa sea agradable, es preciso que nos interesen no sólo los muebles o los artículos que la compongan sino también el ambiente espiritual que reine en ella. Como lo dijo el presidente Kimball, muchas mujeres piensan que su papel de amas de casa es aburrido y pesado. Sin embargo, cuando las jovencitas hacen el quehacer doméstico y atienden a su familia de buena voluntad y con alegría, serán una bendición para sus respectivos familiares y será un gusto estar en esos hogares.

 

–  Indique a las alumnas que lean Mateo 22:36–39. Pídales que expliquen quién es nuestro prójimo según lo dicho por el Salvador. Analice con ellas la razón por la cual debemos considerar a nuestros familiares como a nuestro prójimo. Examine con las alumnas las formas en que pueden manifestar su afecto por sus familiares. Mencione los siguientes puntos:

1. Podemos expresar nuestro afecto con palabras y con hechos de buena voluntad, bondad, amabilidad y consideración.
2. Podemos respetar a los miembros de nuestra familia y a su necesidad de tener sus cosas privadas.
3. Podemos ser corteses.
4. Podemos entendernos unos con otros y prestar atención a lo que cada persona diga.
5. Cuando un miembro de nuestra familia alcance una meta especial o sobresalga en algo, podemos elogiarle y sentirnos sinceramente felices por su logro.
6. Podemos estar dispuestas a compartir con abnegación.
7. Podemos ser leales a nuestra familia.
8. Podemos ser conscientes de las necesidades de los miembros de nuestra familia y ser comprensivas.

 

– Reparta entre las alumnas las hojas de papel y los lápices. Pídales que se imaginen que sólo les queda una semana para estar con sus familias respectivas y que determinen una acción que no hayan realizado antes para mostrar afecto a sus familiares y mejorar la armonía en el hogar. Indíqueles que lo escriban y que durante la próxima semana lo pongan en práctica como si de veras fuera la última semana que han de pasar con su familia. Dígales que si lo desean, la semana entrante podrán contar las experiencias que hayan tenido al respecto.

 

– Lleve dos objetos que produzcan calor al frotarse uno con otro, como pedernal y eslabón, dos palos o papel de lija y madera. Frote los dos objetos hasta que se sientan calientes al tacto. Explique que el calor es el resultado natural producido por la frotación de un objeto con el otro y que el fenómeno se llama fricción. En el diario convivir de los integrantes de una familia, a menudo surge una variedad de pequeños conflictos, los cuales producen a veces una especie de “fricción”, que si bien no es calor es enojo, riñas y falta de armonía entre los miembros de la familia.

 

– Ponga de relieve que la influencia de la jovencita que se esfuerza por ser pacificadora puede hacer disminuir y desaparecer cualquier tirantez de relaciones entre los miembros de su familia, ya sea entre padres e hijos, entre hermanos y aun entre sus padres.

Preparación por las jovencitas Dé la palabra a las alumnas designadas para que expongan sus opiniones sobre cómo pueden ser pacificadoras en uno de los aspectos que se mencionan a continuación. Para sacar a colación algunos de los puntos, usted podría emplear las referencias de las Escrituras y las citas.

1. Puedo ser pacificadora si manifiesto amor y comprensión.

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).

2. Puedo ser pacificadora si evito hacer críticas innecesarias y si pongo de manifiesto mi autodominio.

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

3. Puedo ser pacificadora si devuelvo bien por mal y si pongo en práctica el perdonar a otras personas.

“ … a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:39).

“ … ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

“Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21–22).

4. Puedo ser pacificadora si soy considerada y me desprendo de todo egoísmo.

“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10).

5. Puedo ser pacificadora si oro y soy receptiva a la inspiración del Espíritu Santo.

“Podéis reconocer el Espíritu de Cristo en vuestro ser cuando os habláis los unos a los otros, o habláis de otra persona, con una sonrisa cordial en lugar de hacerlo con expresión de mal humor en el rostro” (Theodore M. Burton, en Conference Report, octubre de 1974, pág. 77; Ensign, noviembre de 1974, pág. 56).

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Sobre Conexión SUD

Cumplir con nuestro llamamiento sin descuidar nuestras otras miles de obligaciones es posible! Soy Rocio, mamá, diseñadora y blogger SUD. Bienvenidos a Conexión SUD!

Un comentario

  1. excelente tema me ayudó a preparar mi clase del domingo gracias a ustedes por trabajar en la obra del señor es algo hermoso

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