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¿Cómo puedo hallar consuelo cuando muere un ser querido? - Ven Sigueme - Conexion SUD

¿Cómo puedo hallar consuelo cuando muere un ser querido?

La muerte es una parte esencial del Plan de Salvación. Para llegar a ser como nuestro Padre Celestial, tenemos que experimentar la muerte y recibir un cuerpo perfecto y resucitado. Cuando comprendemos que la muerte es parte del plan de nuestro Padre Celestial y que Jesucristo venció la muerte por medio de Su expiación, podemos recibir esperanza y paz cuando muere un ser querido.

  • ¿De qué manera ha bendecido su vida el hecho de tener conocimiento de lo que sucede después de esta vida? ¿Qué pasajes de las Escrituras le han ayudado a comprender lo que sucede después de la muerte?
  • Algunas jóvenes ya han enfrentado la muerte de un ser querido. Tarde o temprano todas enfrentarán una experiencia de ese tipo. ¿Qué desea que ellas aprendan para que les sirva de ayuda?

Invite a las jóvenes a anotar sus preguntas, pensamientos o temores acerca de la muerte y luego pídales que busquen respuestas en los pasajes de las Escrituras que se sugieren en esta reseña o en el discurso del élder Russell M. Nelson “Las puertas de la muerte”. Aliéntelas a fijarse, en particular, en los pasajes de las Escrituras o las frases que ponen de relieve la función del Salvador para ayudarnos a superar la muerte. Invítelas a que compartan lo que aprendan. Invítelas a compartir sus sentimientos acerca de lo que el Salvador ha hecho por nosotros.

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Lea el siguiente relato para ilustrar cómo una mujer, gracias a su fe en el Señor, encaró un cambio muy difícil que se produjo en su vida.

“En un cálido sábado del mes de marzo, desperté con los primeros rayos del sol sobre mi rostro. Mientras el resto de la familia dormía, me vestí y fui a caminar por el jardín… Mientras admiraba la belleza de las plantas y de nuestra nueva casa, sentí una gran gratitud por las bellezas de la tierra y por la felicidad con la cual habíamos sido bendecidos.

“Ese día mi esposo yo celebrábamos nuestras bodas de plata, y habíamos hecho planes para pasarlo juntos. Fuimos a comer a nuestro restaurante favorito y allí hablamos de los años que habíamos pasado juntos, de nuestra conversión a la Iglesia, del nacimiento de nuestros siete hijos y de las metas y los sueños que ya se habían cumplido. Recordamos con mucho amor el día en que nos hincamos al pie del altar, nueve años atrás, en el Templo de Salt Lake.

“Para finalizar el día, nos preparamos para asistir a la sesión de la conferencia de estaca del sábado por la noche. Cuando salíamos de la casa, miré a mi esposo y le pregunté: ‘¿Estás seguro de que esta blusa de color rojo tan fuerte me queda bien?’

“Y él me contestó: ‘Te pongas lo que te pongas, ¡tú siempre te ves hermosa!’

“Ésas fueron las últimas palabras que recuerdo haber escuchado de mi esposo. “Mientras conducíamos por un boulevard para llegar al centro de reuniones, una camioneta que venía en sentido contrario se cambió al mismo carril en el cual íbamos nosotros, tratando de pasar a varios automóviles a la vez, en un predio de la carretera donde estaba prohibido adelantarse. Todos los esfuerzos por evitar el choque de frente fueron inútiles; mi esposo se dio cuenta de que no había forma de evitarlo y me cubrió con su cuerpo para protegerme.

“Después de eso, lo primero que oí fue el ruido que hacía el grupo de rescate cortando el metal del automóvil para sacarnos de allí. Tan pronto como recobré el conocimiento, supe que mi esposo había fallecido; no fue preciso que nadie me lo dijera. Al mismo tiempo que tuve esa percepción de esa terrible realidad, un espíritu de paz, calma y serenidad invadió todo mi cuerpo. ‘Phil ha muerto’, me susurró el Espíritu, ‘pero tú estarás bien; tu vida está en mis manos’.

“En medio de toda aquella confusión, desazón y angustia por la pérdida de mi esposo, comprendí, como nunca antes lo había comprendido, la paz a la que Cristo se refirió cuando dijo: ‘La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo’ (Juan 14:27).

“Sufrí una fractura de cuello y otras heridas. A pesar del ruidoso trayecto hacia el hospital, del interrogatorio del personal médico y de la preocupación del obispo y del presidente de estaca, yo permanecí serena. ¿Por qué están todos tan preocupados?, me preguntaba. ¿No saben que todo va a estar bien?…

“Cuando regresé a casa después de haber estado internada cuatro semanas en el hospital, la tarjeta de aniversario que Phil me había dado estaba sobre el tocador, donde yo la había dejado. Una vez más volví a sentir el Espíritu de paz al leer de nuevo lo que mi esposo había escrito en ella: ‘Me es difícil imaginar el grado de gozo que alcanzaremos a medida que esta felicidad y este amor continúe creciendo a través de las eternidades. Con todo mi amor, Phil’ “ (Edith Rockwood, “Peace I Leave with You”, Ensign, abril de 1983, págs. 30–31).

• ¿Qué le ayudó a la hermana del relato a sentir tanta paz ante un cambio tan difícil en su vida?

Pida a una joven que lea el pasaje de Juan 14:27. 

• ¿Por qué es la paz que Cristo da diferente de la paz del mundo? (Su paz permanece con nosotros pase lo que pase.)

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Nuestro Padre Celestial preparó un Plan de Salvación que nos permite llegar a ser como Él. Éste incluye la Creación, la Caída, la expiación de Jesucristo y todas las leyes, ordenanzas y doctrinas del Evangelio.

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